Comunidad de Investigadores

Qué es y cómo particpar de la Comunidad de Investigadores Humaniora

La Comunidad de Investigadores de la Red Humaniora, busca ser una instancia participativa donde, tanto estudiantes como profesores, puedan compartir sus investigaciones en desarrollo, nutriéndose de los aportes entregados por otros miembros de la red, cuyos intereses sean afines. Este espacio permitirá a nuestros investigadores exponer sus trabajos más recientes y conocer las opiniones y aportes de otros miembros de la comunidad, incorporando nuevas ideas y perspectivas a ellos y promoviendo el intercambio de conocimiento entre los participantes pertenecientes a ámbitos cercanos de investigación . Invitamos cordialmente a los participantes de Humaniora a compartir con otros miembros de la red sus trabajos, enviando sus documentos al mail comunidad investigadores:comunidad@humaniora.cl.
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La Historia como oficio

Autor: Sergio Grez Toso
Palabras claves: ,

LA HISTORIA COMO OFICIO
por Sergio Grez Toso *

Aunque según las definiciones de diccionario, la palabra oficio, del latín officĭum, designa a aquellas actividades laborales habituales que requieren ciertas habilidades manuales -las “artes mecánicas”- o despliegue de esfuerzo físico, su uso se ha extendido a algunas profesiones universitarias cuyos integrantes la han adoptado sin mayores miramientos, incluso, a veces, con deleite, en la definición de su propio quehacer laboral.

Este es el caso de la disciplina histórica.

Es sabido que la Historia, entendida como campo de estudios sistemáticos sobre el devenir de las sociedades humanas a través del tiempo, fue practicada desde la Antigüedad y hasta muy avanzada la Época Contemporánea, por filósofos, políticos, literatos, sacerdotes, juristas, altos jefes militares y otros personajes cuyas preocupaciones ideológicas o políticas los llevaron, ocasionalmente, a incursionar en el estudio del pasado de la humanidad.

La profesionalización de la historiografía y su independencia de otras disciplinas -como la Filosofía o la Literatura- es un fenómeno relativamente reciente, cuya data de nacimiento se sitúa en las sociedades occidentales en la segunda mitad del siglo XIX. Solo a partir de entonces, la disciplina de la Historia adquirió, progresivamente, autonomía respecto de otros campos del conocimiento, forjando sus propios instrumentos, reglas y procedimientos, a la par que avanzaba su profesionalización, siempre en estrecha relación con la consolidación de los modernos estados nacionales que, de manera mucho más sistemática que lo operado hasta entonces por las distintas formas de Estado que ha conocido la humanidad, dotaron a la historiografía de algunos de los elementos que le permitirían convertirse en un área de estudios claramente definida. Desde entonces, el desarrollo y profesionalización de la disciplina de la Historia avanzaría, definitivamente, con total independencia respecto de los saberes que hasta el momento la habían tutelado. Paulatinamente, los cultores del conocimiento histórico -los historiadores- dejaron de ser aficionados que en sus tiempos libres se dedicaban a investigar o escribir la Historia casi como un hobby, convirtiéndose en profesionales a tiempo completo, consagrados plenamente al estudio, investigación, escritura y enseñanza de su materia en universidades y otras instituciones. Ser historiador o historiadora se convirtió en una profesión universitaria de cierto prestigio que, tendería a cada vez mayores niveles de especialización, de sofisticación y de fraccionamiento en una infinidad de especializaciones y subespecializaciones, en un proceso siempre inacabado.

Simultáneamente, la institucionalización de la Historia, la conquista de un objeto y de un método específico de estudio, la elaboración de un sistema de valores colectivos, contribuyeron poderosamente a crear en los historiadores un sentimiento de pertenencia a una misma comunidad profesional .

De manera algo paradójica, a medida que la historiografía se profesionalizaba, se fue difundiendo el término “oficio” para designar su savoir faire. ¿Por qué ocurrió este curioso fenómeno? ¿Por qué una actividad cada vez más profesional y académica, terminaría emparentada de modo retórico a los oficios o “artes mecánicas”?

Enunciaré una explicación posible, a título meramente especulativo.

Cabe destacar que el ejercicio de la profesión de historiador(a) se ha caracterizado por una práctica de marcado individualismo: quienes cultivamos este género trabajamos generalmente solos, aunque asistidos corrientemente por ayudantes, produciendo obras que, por definición, deben ser únicas, “originales”, irrepetibles. Nuestra faena se asemeja en este aspecto a la de los artesanos, en las antípodas de la producción en serie, uniforme, de tipo industrial. La mera obtención de un grado académico no convierte a nadie en historiador o historiadora, solo la demostración práctica del buen ejercicio del “oficio”, permite alcanzar el reconocimiento de los pares y, también de la sociedad. Ciertamente, abordamos nuestros objetos de estudio utilizando instrumentos, técnicas y procedimientos que son creaciones colectivas, normas “científicas” que permiten situar nuestra actividad en el campo de las “profesiones”, del mismo modo que la de ingenieros, médicos, sociólogos o economistas. Sin embargo, el aspecto de “ciencia social” de la labor historiográfica conlleva siempre una dimensión “humanista” y, en algunos casos, también “artística”. Puesto que la Historia debe ser recreada mediante un relato que exige condiciones de validación, la historiografía adopta, necesariamente, ciertas características de disciplina literaria. De este modo, Ciencias Sociales y Humanidades se entrelazan en la labor del historiador. “Profesión” y “oficio” se entretejen y confunden. Esta puede ser una de las causas que han llevado a muchos historiadores e historiadoras a denominar, con fruición, “oficio” a su actividad profesional.

Ya sea como profesión u oficio, el estudio sistemático de la Historia conforme a reglas, técnicas y procedimientos disciplinarios, supone -desde mi punto de vista- una responsabilidad social de parte de sus cultores. ¿Qué investigar? ¿Para quiénes investigar?, ¿Qué lenguajes y formatos utilizar para comunicar los resultados de estas investigaciones?, son solo algunas de las disyuntivas que deben resolver quienes pretendan servir con provecho a Clío, la musa inspiradora o “Santa Patrona” de esta cofradía artesanal.

* Dr. en Historia, académico de la Universidad de Chile. Correo electrónico: sergiogreztoso@gmail.com

Ecología Política de la Comunicación y producción social del riesgo

Autor: Felip Gascón, Patricia Muñoz, Tania de Armas

RESUMEN:

En el marco del debate sobre los conflictos socio-espaciales, la ecología política de la comunicación sirve de contexto para evidenciar las dimensiones epistémicas y biopolíticas desde las que se trata de clausurar las nuevas formas de expropiación en la economía política de territorialización. El presente trabajo sobre las “tomas de terreno” de Valparaíso, nos convoca a repensar la crisis de la acción colectiva por la que atraviesa el movimiento poblacional chileno y, en particular, sobre los procesos de normalización del riesgo y la catástrofe, dominantes en el imaginario de los sectores excluidos. Dicha problemática se aborda aquí desde un diálogo interdisciplinario que articula las teorías del emplazamiento, la sociología del riesgo y las políticas de memoria-olvido, con el fin de repolitizar conflictos de larga duración histórica sobre los regímenes de propiedad colonial público-privada, reproductores de las asimetrías de poder y del discurso de la im-propiedad y la marginalidad.

Para leer el documento completo ingresar AQUÍ

Dr. Felip Gascón i Martín
fgascon@upla.cl

Dra. Patricia Muñoz Salazar
pmunoz@upla.cl

Dra. Tania de Armas Pedraza
tania.dearmas@upla.cl

Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Playa Ancha
Valparaíso – Chile

Los sueños y la labor (una de ellas) de ser madre

Autor: Claudia González Valdivia

Resumen:

El texto trata de una reflexión personal acerca del rol de la mujer y la dicotomía de tener que optar por ser madre o realizarse profesionalmente y como persona individual. Mientras las políticas de Estado son insuficientes para poder absorber las diversas inquietudes de las mujeres en edad de procrear.

Hace unos días venia pensando acerca de las cosas alcanzadas por las mujeres a lo largo de los siglos. Logros emblemáticos que, sin duda, nos han aproximado más a un mundo hecho por y para hombres. Y si bien han existido mujeres destacadas y luchadoras, también han tenido costos y han tenido que elegir (o renunciar) a distintas cosas.

Y es que existe un hecho que es biológicamente privativo de la mujer: ser madre. En Chile, existe preocupación por el envejecimiento de la población y se ve con alarma cómo la tasa de natalidad ha disminuido, así como la formación de familias del tipo tradicional, surgiendo diversas opciones de familia. Se han creado algunos instrumentos e incentivos a la madre que tiene uno o más hijos, como por ejemplo, el bono por hijo que va directamente a la cuenta de capitalización de las queridas AFPs.

Pero creo que más que un bono, más que el resaltar la familia como pilar fundamental de la sociedad, hay muchos factores que se deben considerar a la hora de que una mujer decida o no tener un hijo, sea dentro o fuera del matrimonio, sola o acompañada, etc.

Resulta que, por muchas conquistas que hayamos logrado, seguimos siendo, al menos en nuestro país, mujeres tal y como se han concebido desde años y siglos atrás. No sólo somos madres, también debemos trabajar, cumplir labores de la casa, ser esposa, amante, hija, multiples roles que debemos cumplir y además, hacerlos todos bien.

A la hora de criticar el que una mujer decida no tener hijos, ya sea para cumplir algún sueño como estudiar en el extranjero, realizarse profesionalmente, lograr tener una casa, etc, se han evidenciado fuertes carencias en los argumentos que suscitan esa crítica: No hay como el amor de madre, dicen; la mujer se siente realmente realizada al tener hijos; el padre puede aportar en la crianza y en la casa, pero es la mujer la que debe llevar mayoritariamente el quehacer del hogar. Y se cruza un sentimiento de culpa hacia las que, por opción o, queriendo o no, tenemos hijos.

Debemos ser eficientes y eficaces en el trabajo, donde aun el sueldo sigue en desventaja con el hombre haciendo la misma tarea; pagando el costo de una “buena crianza” de los niños, porque es la mujer la que debe estar ahí cuando los niños se enferman, cuando tienen que hacer tareas, cuando enfrentan problemas. El rol del padre en estas labores que eran exclusivas de las mujeres ha ido creciendo hacia una crianza compartida.

Pero aún existen mucho prejuicios y tapujos que sufrimos las mujeres que tenemos que ser mutifuncionales. Y quisiera detenerme en este punto, dando un ejemplo: en el embarazo adolescente, muchas veces la joven debe dejar de estudiar, es calificada por muchas personas como “irresponsable” por no haberse cuidado, y su vida da un giro por completo. Mientras el padre adolescente, asumiendo o no su incipiente paternidad, puede seguir su vida tal y como era antes de procrear a un hijo.

El peso que cargamos las mujeres es sin duda mucho mayor que el del hombre en este caso, teniendo que renunciar muchas veces a los sueños que teníamos. Y ha pasado que, a medida de que los hijos crecen, esas madres, en forma intencionada o sin querer, proyectan sus frustraciones y deseos propios en sus hijos e hijas, intentando que ellos vivan los que ella no pudo; sin lograr entender que, el tener hijos es una enorme responsabilidad, pero a la vez tiene esa cuota de entrega que es tener la capacidad de dejarlos crecer y decidir sobre sus propias vidas. Chile aún tiene un largo camino que recorrer si pretende tener una mayor tasa de natalidad e incentivos para que las mujeres decidan ser madres.

Artículo publicado en El Quinto Poder, el 22 de agosto de 2016.

* Claudia González Valdivia, Administrador Público, Magíster en Política y Gobierno.

Racismo de Estado y discriminación étnica en el relato de la justicia en Chile

Autor: Carlos del Valle Rojas

El presente artículo proporciona evidencias sobre la presencia de estereotipos, de prejuicios y de discriminación étnica en sentencias de los Tribunales de la región de La Araucanía en Chile hacia imputados de ascendencia mapuche. De este modo, se pretende contribuir a una mejor comprensión del uso de estrategias discursivo-comunicacionales en las sentencias, a propósito de los Casos 12.576 (Caso de los Lonkos) y 12.611 (Caso Poluco Pidenco) contra el Estado de Chile en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El marco normativo del estudio

El Código Procesal Penal de Chile contiene al menos cuatro artículos que hacen referencia a principios del sistema penal chileno que implican obligaciones concretas que deben ser respetadas en cualquier juicio y que tienen relación directa con los propósitos de este estudio, específicamente, aspectos con implicancias discursivas, a saber:

Artículo 297.- Valoración de la prueba. Los tribunales apreciarán la prueba con libertad, pero no podrán contradecir los principios de la lógica, las máximas de la experiencia y los conocimientos científicamente afianzados. El tribunal deberá hacerse cargo en su fundamentación de toda la prueba producida, incluso de aquélla que hubiere desestimado, indicando en tal caso las razones que hubiere tenido en cuenta para hacerlo. La valoración de la prueba en la sentencia requerirá el señalamiento del o de los medios de prueba mediante los cuales se dieren por acreditados cada uno de los hechos y circunstancias que se dieren por probados. Esta fundamentación deberá permitir la reproducción del razonamiento utilizado para alcanzar las conclusiones a que llegare la sentencia.

Artículo 340.- Convicción del tribunal. Nadie podrá ser condenado por delito sino cuando el tribunal que lo juzgare adquiriere, más allá de toda duda razonable, la convicción de que realmente se hubiere cometido el hecho punible objeto de la acusación y que en él hubiere correspondido al acusado una participación culpable y penada por la ley. El tribunal formará su convicción sobre la base de la prueba producida durante el juicio oral. No se podrá condenar a una persona con el solo mérito de su propia declaración.

Artículo 342.- Contenido de la sentencia. La sentencia definitiva contendrá:

a) La mención del tribunal y la fecha de su dictación; la identificación del acusado y la de el o los acusadores;

b) La enunciación breve de los hechos y circunstancias que hubieren sido objeto de la acusación; en su caso, los daños cuya reparación reclamare en la demanda civil y su pretensión reparatoria, y las defensas del acusado;

c) La exposición clara, lógica y completa de cada uno de los hechos y circunstancias que se dieren por probados, fueren ellos favorables o desfavorables al acusado, y de la valoración de los medios de prueba que fundamentaren dichas conclusiones de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 297;

d) Las razones legales o doctrinales que sirvieren para calificar jurídicamente cada uno de los hechos y sus circunstancias y para fundar el fallo;

e) La resolución que condenare o absolviere a cada uno de los acusados por cada uno de los delitos que la acusación les hubiere atribuido; la que se pronunciare sobre la responsabilidad civil de los mismos y fijare el monto de las indemnizaciones a que hubiere lugar;

f) El pronunciamiento sobre las costas de la causa, y

g) La firma de los jueces que la hubieren dictado.

Artículo 374.- Motivos absolutos de nulidad. El juicio y la sentencia serán siempre anulados:

a) Cuando la sentencia hubiere sido pronunciada por un tribunal incompetente, o no integrado por los jueces designados por la ley; cuando hubiere sido pronunciada por un juez de garantía o con la concurrencia de un juez de tribunal de juicio oral en lo penal legalmente implicado, o cuya recusación estuviere pendiente o hubiere sido declarada por tribunal competente; y cuando hubiere sido acordada por un menor número de votos o pronunciada por menor número de jueces que el requerido por la ley, o con concurrencia de jueces que no hubieren asistido al juicio;

b) Cuando la audiencia del juicio oral hubiere tenido lugar en ausencia de alguna de las personas cuya presencia continuada exigen, bajo sanción de nulidad, los artículos 284 y 286;

c) Cuando al defensor se le hubiere impedido ejercer las facultades que la ley le otorga;

d) Cuando en el juicio oral hubieren sido violadas las disposiciones establecidas por la ley sobre publicidad y continuidad del juicio; • •Carlos del Valle Rojas Racismo de Estado y discriminación étnica en el relato de la justicia en Chile

e) Cuando, en la sentencia, se hubiere omitido alguno de los requisitos previstos en el artículo 342, letras c), d) o e);

f) Cuando la sentencia se hubiere dictado con infracción de lo prescrito en el artículo 341, y

g) Cuando la sentencia hubiere sido dictada en oposición a otra sentencia criminal pasada en autoridad de cosa juzgada.

El objeto de estudio y el enfoque teórico-metodológico

Para la realización del estudio se analizaron dos de las sentencias de condena consideradas en el proceso de dirigentes indígenas mapuches contra el Estado de Chile ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (RIT 21-2004ª Caso Poluco Pidenco y RIT 2-2003 Caso Lonkos). El enfoque utilizado corresponde al Análisis Crítico y Complejo del Discurso, un método de análisis del discurso, de carácter científico, cuyas matrices han sido elaboradas con rigurosidad y sometidas a validación permanente para garantizar sus propiedades analíticas y su replicabilidad.

En este caso particular, el propósito del Análisis Crítico y Complejo del Discurso es revelar cómo a través del lenguaje jurídico-judicial –en tanto expresión formal, racional y lógica– no sólo se construye y se representa la realidad, sino que también se expresan formas especí- ficas de ejercicio del poder y de control, especialmente hacia los grupos minoritarios de una sociedad.

De esta manera, podemos hablar del Análisis Crítico y Complejo del Discurso como parte de una ciencia forense, cuyo rigor científico se sustenta en características formales, propias del saber científico. Estas características corresponden a la naturaleza de los análisis y a sus inferencias correspondientes, de modo que constituyen la base científica de las inferencias analíticas, a saber:

– La condición lógica, que garantiza la estructuración y la organización de los contenidos de los discursos. En este sentido, entendemos que a los efectos de su producción, como de su análisis, el discurso debe fundarse en la lógica.

– La condición racional, que garantiza la motivación de los razonamientos y de las argumentaciones presentes en los discursos; de modo que el discurso debe ser racional.

– La condición crítica y compleja, que garantiza la coherencia del discurso con el contexto en el cual es producido. El discurso no puede estar ajeno a las condiciones tanto materiales como simbólicas bajo las cuales se produce y se reproduce.

Los resultados: evidencias de estereotipos, de prejuicios y de discriminación étnica

Las evidencias encontradas se pueden relacionar con dos situaciones: la ruptura del razonamiento lógico, para relevar razonamientos interesados; y el registro explícito e implícito de evidencias discursivas en dichas rupturas. Dichas evidencias, en tanto, se pueden sintetizar en tres familias de estrategias:

1. El uso de expresiones periodísticas, o mediáticas en general, con fuertes cargas valorativas, tanto políticas como morales.

2. La reproducción de estereotipos y de prejuicios sociales y culturales sobre las comunidades mapuche y/o estereotipos favorables a la parte acusadora.

3. La vulneración de derechos mediante el uso de razonamientos discriminatorios, como parte de un tipo de relato legitimado socialmente e integrado a la rutina productiva de los tribunales.

A continuación, se exponen evidencias específicas, organizadas de acuerdo a su uso discursivo; en tanto estrategias jurídico-judiciales de carácter psicopolítico; esto es, estrategias de naturaleza psicológica (razonamientos y persuasiones) con fines políticos.

En primer lugar, se presentan ejemplos a partir de los casos objeto del proceso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

I.

Uso de expresiones periodísticas, o mediáticas en general, con fuertes cargas valorativas, tanto políticas como morales

“El delito es terrorista, porque son hechos notorios las consecuencias que han tenido en la zona diversos actos violentos que han afectado a los propietarios de las llamadas tierras en conflicto; que el carácter terrorista del ilícito ha sido asumido subjetivamente en su dolo por todos los acusados, puesto que asumieron materializar una conducta dolosa en el marco de los demás hechos ocurridos en la zona; tanto por la decisión de emplear determinados medios, cuanto por la finalidad que se buscó al cometer este hecho en particular” (RIT 21-2004A).

Aquí se asume el carácter terrorista sustentado en la idea de «hechos notorios». Pero ¿qué significa que un hecho sea notorio? ¿Qué le confiere este carácter? ¿El hecho mismo o las circunstancias mediáticas?

[Ministerio Público] “los hechos causados por ellos son públicos y notorios, son actos que derivan en delitos de la misma especie, donde todo es estudiado, obedeciendo a un plan determinado que pone en jaque al país, sus órganos y sus instituciones” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Se reitera la idea del carácter notorio de los hechos, agregando la condición de «públicos», lo cual refuerza el rol mediático.

[Intendencia Regional y Gobernación Provincial de Malleco] “que con métodos violentos pretenden alterar la paz social buscando en definitiva una presión, una ventaja económica sin ningún respeto con las personas afectadas, este contexto demuestra la ocurrencia de delitos terroristas y no de delitos comunes” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Aparecen expresiones como «alterar la paz social» o «sin ningún respeto con las personas», más cercanas a la configuración desde la prensa que al lenguaje jurídico-judicial.

“Que declaran terrenos en estado de conflicto para obligar a los afectados a comprar paz, si no, enfrentan exigencias de entregar terrenos; que esta actividad es reiterada en el tiempo, concatenándose la sucesión de hechos que primero se formularon sólo como presiones y como amenazas de quemar y de atentar contra bienes y personas; con ello se afecta la tranquilidad y el buen vivir que siempre se quiso tener con las comunidades mapuches” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Se observan nuevas expresiones más próximas al lenguaje mediático que al jurídico-judicial, como «comprar paz» o «sucesión de hechos».

“Que las acciones que originaron esos ilícitos evidencian que la forma, los métodos y las estrategias empleadas tenían una finalidad dolosa de causar un estado de temor generalizado en la zona, situación que es pública y notoria y que estos jueces no pueden desatender; se trata de un grave conflicto entre parte de la etnia mapuche y el resto de la población, hecho que no fue discutido ni desconocido por los intervinientes. En efecto, los ilícitos antes señalados están insertos en un proceso de recuperación de tierras del pueblo mapuche, el que se ha llevado a efecto por vías de hecho, sin respetar la institucionalidad y la legalidad vigente” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Se emplean expresiones típicamente mediáticas, como «causar un estado de temor generalizado en la zona», «grave conflicto entre parte de la etnia mapuche y el resto de la población» e «insertos en un proceso de recuperación de tierras del pueblo mapuche».

“Como antecedentes generales, y de acuerdo a la prueba aportada durante el juicio por el Ministerio Público y los querellantes particulares, es un hecho público y notorio que en la zona, desde hace un tiempo a la fecha, están actuando organizaciones de hecho que usando como argumento reivindicaciones territoriales realizan actos de violencia o incitan a ellos. Entre sus métodos de acción se emplea la realización de diversos actos de fuerza que se dirigen contra empresas forestales, pequeños y medianos agricultores, todos los cuales tienen en común ser propietarios de terrenos contiguos, aledaños o cercanos a comunidades indígenas que pretenden derechos históricos sobre las mismas. Tales acciones apuntan a la reivindicación de tierras estimadas como ancestrales, siendo la ocupación ilegal un medio para alcanzar el fin más ambicioso, a través de ellas se irán recuperando parte de los espacios territoriales ancestrales y se fortalecerá la identidad territorial del pueblo mapuche” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Se insiste en expresiones propias del discurso público dirigido a los medios, como «hecho público y notorio», «actos de fuerza», «fin más ambicioso», sin precisarlo.

“Que el Gobierno interviene en esta acción, porque es su deber la mantención del orden público en todo el territorio de la República. Solicita la condena de los acusados como autores, a las penas señaladas, en su adhesión a la acusación del Ministerio Público” (RUC 0100086594 2. Código: 00837. RIT 21-2004).

Otra expresión de una connotación pública y social importante es la de «orden público», empleada con bastante frecuencia en estos casos. Pero ¿qué es el orden público exactamente? ¿Qué le da este carácter?

II.

Reproducción de estereotipos y de prejuicios sociales y culturales sobre las comunidades mapuche y/o estereotipos favorables a la parte acusadora.

[Ministerio Público] “señaló que se enfrenta a un conflicto artificial creado por grupos minoritarios que dicen representar al pueblo mapuche y que manipulan las ideas de racismo y de intolerancia; son ellos quienes declaran los terrenos en conflicto, son ellos los que utilizan argumentos reivindicacionistas y se victimizan, son ellos quienes crean alarma pública y afectan el Estado de derecho; son grupos radicalizados, infiltrados internacionalmente y a esas organizaciones pertenecen los acusados” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Se presenta una serie de argumentos no sólo para deslegitimar, sino también para cuestionar al movimiento mapuche; pero basados en la reproducción de estereotipos y de prejuicios, como «conflicto artificial», «manipulan las ideas de racismo e intolerancia», «se victimizan», etcétera.

[Intendencia Regional y Gobernación Provincial de Malleco], “señaló que la legítima aspiración del pueblo mapuche se ha tornado en un conflicto artificial, aparente, promovido por un grupo minoritario” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Se reitera la reproducción de estereotipos y de prejuicios, como la idea de «conflicto artificial».

[Fiscalía] “señaló que todo se inserta dentro de la manipulación que un sector minoritario del pueblo mapuche hace del resto de su etnia; que por estrategia y por lógica declaran la reivindicación de la tierra, acciones donde los acusados participan activamente; que Aniceto Norín y Pascual Pichún dirigen las acciones, en tanto que Patricia Troncoso actúa como instigadora” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Se reproducen, nuevamente, los estereotipos de «manipulación», «donde los acusados participan activamente», sin proporcionar para ello las evidencias necesarias.

III.

Vulneración de derechos mediante el uso de razonamientos discriminatorios, como parte de un tipo de relato legitimado socialmente e integrado a la rutina productiva de los tribunales.

“En efecto, durante el segundo semestre de 2001, los propietarios deciden iniciar la explotación forestal del predio durante noviembre de ese año, lo que llegó a conocimiento de los acusados, ya que tal actividad implicaba contratar mano de obra de sus comunidades, enmarcada dentro de la oferta de los dueños de mantener relaciones de buena vecindad y de dar trabajo a los comuneros del sector; esto hizo que desde octubre de 2001, Pascual Huentequeo Pichún Paillalao, Segundo Aniceto Norín Catrimán y Patricia Troncoso Robles comenzaran con sus amenazas de quemar totalmente el predio Nancahue, si los propietarios persistían en su actitud de explotar sus bosques” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

El razonamiento lógico es que las amenazas comienzan cuando los propietarios inician sus actividades de explotación forestal; pero, al mismo tiempo, se deslizan de manera implícita otras implicancias que favorecerán el razonamiento general de la parte acusadora, como «contratar mano de obra de sus comunidades» y «mantener relaciones de buena vecindad».

“Constituyen diversos delitos terroristas contemplados en la ley 18.314, puesto que estos incendios y amenazas se cometieron con la finalidad de producir en la población o en una parte de ella, el temor justificado de ser víctima de delitos de la misma especie, sea por la naturaleza y los efectos de los medios empleados, sea por la evidencia de que obedece a un plan premeditado de atentar contra una categoría o un grupo determinado de personas, debiendo presumirse tal finalidad cuando los ilícitos se cometen mediante artificios explosivos o incendiarios, salvo que conste lo contrario” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

El razonamiento indica que los hechos constituyen delitos terroristas, mediante la atribución de una finalidad sin proporcionar evidencias de la misma. Luego, el razonamiento se refiere a la naturaleza (medios) o a la finalidad (plan premeditado), sin indicar, nuevamente, cuáles son las evidencias de uno u otro caso.

“Señaló tener la certeza moral de que fue un grupo de comuneros de Temulemu y Didaico las personas que quemaron la casa de su hijo” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

En la argumentación se invocan aspectos morales de base y no jurídico-judiciales. Este desplazamiento argumental hacia lo moral tiene una relevancia fundamental como línea de investigación que se proyecta desde este estudio. Esta condición moral sitúa al testimonio (y al testigo que lo enuncia) en un espacio trascendido, casi metafísico.

“Cree que el incendio de Temulemu fue hecho por gente de dicho sector, aun cuando señala no haber visto a nadie”(RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Este testimonio también recoge débiles evidencias, que se sustentan en percepciones y en impresiones.

“Que resultaron probadas las amenazas verbales y escritas hechas por Pascual Pichún antes del incendio; en efecto, primero hizo presiones y luego dijo al testigo reservado N.º 1 que había cumplido con lo amenazado; que se probó, también, que cada vez que llegaba Patricia Troncoso ocurrían incendios. En concreto, Pascual Pichún es autor material y la acusada Troncoso es inductora de los hechos, puesto que en el caso del incendio del fundo San Gregorio tuvo el dominio de la acción, primero al expulsar a la gente del campo y después ocurrió el siniestro; que tanto Nancahue como San Gregorio enfrentan una larga historia de amenazas. Al existir un mismo método, al estar las mismas personas y al producirse el mismo resultado, los acusados deben ser condenados” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

La argumentación se sustenta en supuestas amenazas verbales y escritas probadas según el testimonio de un testigo reservado. Asimismo, se sugiere una relación causal entre la ocurrencia de incendios y la presencia de una persona a la cual se acusa de inductora. La mera presencia en el lugar se transforma en la condición para sustentar el dominio de la acción.

“Recurriendo a acciones de fuerza previamente planificadas, concertadas y preparadas por grupos radicalizados que buscan crear un clima de inseguridad, inestabilidad y temor en diversos sectores de la Octava y Novena Regiones. Estas acciones se pueden sintetizar en la formulación de exigencias desmedidas, hechas bajo presión por grupos violentistas a los dueños y propietarios, a quienes se les advierte que sufrirán diversos tipos de atentados en caso de no acceder a sus requerimientos. Muchas de estas amenazas se han materializado mediante ataques a la integridad física, en acciones de robo, hurto, incendio, daño y usurpación, que han afectado tanto a las personas como a bienes de diversos propietarios agrícolas y forestales de esta zona del país; en la audiencia se recibieron numerosos testimonios y se dieron a conocer diversos antecedentes al respecto, sin perjuicio de que ello es de público conocimiento. Es obvio inferir que la finalidad perseguida es provocar en la gente un justo temor de ser víctima de atentados similares, y con ello obligar a los dueños para que desistan de seguir explotando sus propiedades y hacer que las abandonen, ya que la sensación de inseguridad y de intranquilidad que generan dichos atentados trae consecuencias tales como disminución y encarecimiento de la mano de obra, aumento en el costo, tanto en la contratación de maquinarias para la explotación de los predios, como para cubrir las pólizas que aseguran las tierras, las instalaciones y las plantaciones, también, es cada vez más frecuente ver trabajadores, maquinarias, vehículos y faenas instalados en los distintos predios, bajo protección policial que asegure la ejecución de las labores. Todo esto afecta derechos garantizados constitucionalmente. Esta convicción del tribunal emana de los dichos expresados por los testigos Juan Sagredo Marín, Raúl Arnoldo Forcael Silva, Juan Agustín Figueroa Elgueta, Aída Inés Figueroa Yávar, Juan Agustín Figueroa Yávar, Armín Enrique Stappung Schwarzlose, Jorge Pablo Luchsinger, Villiger, Osvaldo Moisés Carvajal Rondanelli, Gerardo Jequier Shalhí, Antonio Arnoldo Boisier Cruces y Juan Eduardo Correa Bulnes, quienes refirieron al tribunal haber sido víctimas directas o tener conocimiento de amenazas y de atentados contra personas o bienes, perpetrados por gente de la etnia mapuche; estos testigos expresaron de diferente forma la sensación de temor que dichos actos les provocaron; están las expresiones del perito José Muñoz Maulen, quien refirió haber respaldado en un compac disc computacional la información obtenida de la página web denominada «sitio http/ fortunecety.es/felices/lahabana/260/frame.htm.», donde se mencionan diversas actividades relacionadas al movimiento de reivindicación de tierras que parte de la etnia mapuche lleva a efecto en las Octava y Novena Regiones del país; de los antecedentes vertidos en el informe de la sesión de la Comisión de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento del Honorable Senado de la República, realizada el 1 de julio de 2002; de la información contenida en el cuerpo C, páginas 10 y 11 de la edición del diario El Mercurio del 10 de marzo de 2002 y en diversas publicaciones de La Tercera, El Mercurio, Austral de Temuco, La Segunda y La Tercera, aparecidas en dicha prensa los días 26 de marzo de 1999, 15 de diciembre de 2001, 5 y 15 de marzo y 15 de junio de 2002, respectivamente, y en diversas declaraciones públicas y solicitudes a la autoridad, formuladas por comunidades indígenas de la zona” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

La convicción del tribunal se sustenta en testimonios y en inferencias referidas a hechos relacionados casi naturalmente, sin contar con otras evidencias suficientes. Y una de las argumentaciones centrales se orienta hacia las consecuencias económicas de los hechos aludidos.

“Agrega que el incendio del inmueble de su hermano y la quema del bosque fueron causados por comuneros de Didaico Traiguén, ignorando quién o quiénes fueron los autores de los hechos. […] Ignora quiénes le quemaron su casa y el bosque, aunque supone que son comuneros del sector. […] Por dichos de trabajadores supo que en el fuego participaron Norín, La Chepa y un tal Huenchul, aunque no vio a nadie quemar el bosque” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Se atribuyen hechos a personas, sin contar con evidencias, sólo supuestos.

“Para convicción del tribunal, se encuentran acreditados los elementos del tipo penal exigidos por el artículo 7º de la ley 18.314 que determina conductas terroristas y fija su penalidad, puesto que las declaraciones ya analizadas emanan de personas vinculadas directamente con los hechos o que adquirieron un conocimiento por diversos motivos, testimonios que resultan coherentes con las pericias y las evidencias documentales incorporadas durante la audiencia, que constituyen antecedentes que en su conjunto y libremente apreciados conducen al convencimiento de tener por acreditados, más allá de toda duda razonable, los hechos materia de la acusación fiscal y particular, como quiera que las acciones que causaron estos delitos demuestran que la forma, los métodos y las estrategias empleadas tenían una finalidad dolosa de causar un estado de temor generalizado en la zona” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Aunque el Tribunal declara su convicción, su sustento está en que las declaraciones corresponden a personas implicadas en los hechos, las mismas que han señalado no haber visto a los supuestos responsables. Se hace referencia a antecedentes que otorgan convicción por la mera apreciación de los mismos, sin proporcionar evidencias de los testimonios, más allá de estos.

“No se encuentra suficientemente acreditado que estos hechos fueron provocados por personas extrañas a las comunidades mapuches” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

El razonamiento aplicado es altamente discriminatorio, porque se imputa un delito a determinadas personas al no existir acreditación de otros posibles responsables.

“Se encuentra probado que el acusado Pascual Pichún es lonko de la Comunidad «Antonio Ñirripil» y Segundo Norín lo es de la Comunidad «Lorenzo Norín», lo que importa jerarquía en su interior y determinada capacidad de mando y de liderazgo sobre ellas” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

El razonamiento empleado aquí es que ciertas personas son responsables de un delito por pertenecer, aparentemente, a un colectivo al cual se le atribuyen eventuales responsabilidades en este tipo de delitos.

“Asimismo, es preciso resaltar que los imputados Pichún y Norín se encuentran condenados por otros delitos relativos a ocupaciones de tierras cometidos con anterioridad a estos hechos en contra de predios forestales, ubicados en lugares aledaños a las respectivas comunidades, según consta de la causa ROL 22.530 y acumuladas por la cual se condenó a Pascual Pichún a la pena de 4 años de presidio menor en su grado máximo y a Segundo Norín a una pena de 800 días de presidio menor en su grado medio, en ambos casos, a las accesorias legales y costas por el delito. Además, Pichún Paillalao fue condenado a la pena de 41 días de prisión en su grado máximo y al pago de una multa de 10 Unidades Tributarias Mensuales como autor del delito de manejo en estado de ebriedad; así consta de sus respectivos extractos de filiación y antecedentes y de las copias de las sentencias definitivas debidamente certificadas e incorporadas” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

La argumentación, en este punto, es que los imputados son responsables porque han sido condenados por delitos que, por cierto, no son el delito aquí consignado. Sólo hay un vínculo espacial, en la medida en que las personas viven en el mismo sector.

“Ambos acusados pertenecerían, según lo declarado por Osvaldo Carvajal, a la Coordinadora Arauco Malleco C.A.M., organización de hecho según reitero y de carácter violentista” (RUC 0100083503 6. Código: 00837. RIT 2-2003).

Este razonamiento atribuye responsabilidad en el delito por una supuesta pertenencia al colectivo, públicamente sindicado por sus reivindicaciones.

[Ministerio Público] “los hechos constituyen delito terrorista porque no son aislados, sino que se trata de varios sucesos, todos los cuales tienen la finalidad dolosa de causar un temor generalizado en la población, de que puedan sufrir acontecimientos de la misma especie; que, además, por la naturaleza de la acción, la coordinación para actuar, la preparación y la concertación previa y los medios empleados para provocar el incendio, lo convierten en terrorista; que se atentó contra propietarios agrícolas y comunidades colindantes y también contra dueños de tierras declaradas unilateralmente en conflicto, situación que sugiere la intención de atentar contra grupos determinados de personas; que el efecto de todo esto es una disminución de la inversión en la región, un encarecimiento de costos, una mayor demanda de protección policial para desarrollar faenas de explotación, etc.; finalmente, es un delito terrorista porque es la forma utilizada para provocar terror y temor en la población, con el objeto de alcanzar los fines perseguidos de reivindicación territorial contra el Estado de derecho. Al concluir, solicitó la condena de los enjuiciados a las penas señaladas en la acusación” (RUC 0100086594 2. Código: 00837. RIT 21-2004).

Se acredita la condición de terrorista de los hechos a partir de algunos supuestos muy genéricos, como «no ser aislados», tener la finalidad de «causar temor», ser planificados, y por una supuesta condición intrínseca de estos hechos como terroristas («es la forma utilizada»). Pero no hay evidencias claras de los hechos y la condición de terrorista es definida de manera muy genérica, de modo que puede aplicarse a diferentes delitos similares.

“En efecto, es delito terrorista porque a pocos días del incendio de Poluco Pidenco habían ocurrido otros siniestros en la zona, como en el fundo Curaco, en el fundo Nancahue, en el fundo San Gregorio y tres días después aparece el fuego en Poluco Pidenco; que se escucharon declaraciones de personas y de representantes de diversas organizaciones que afirmaron haber sido víctimas de actos de violencia, tales testigos afirmaron que esos hechos crearon un clima de temor que encareció los seguros, disminuyó la inversión, encareció la producción, disminuyó la mano de obra y devalúo la propiedad, todo eso es un reflejo de la inseguridad y el temor frente a la perpetración de que ocurran nuevos delitos similares” (RUC 0100086594 2. Código: 00837. RIT 21-2004).

El razonamiento aplicado para acreditar la condición de delito terrorista sigue, nuevamente, una lógica meramente témporo-espacial, porque se señala que han ocurrido «otros siniestros en la zona»; además, se reiteran las consecuencias económicas, supuestamente atribuidas a los hechos, como argumento.

A continuación, se presentan ejemplos de otros casos, también distribuidos según las estrategias indicadas.

1.

Uso de expresiones periodísticas, o mediáticas en general, con fuertes cargas valorativas, tanto políticas como morales En el caso de la expresión «orden público», por ejemplo, se trasladan los intereses desde un ámbito particular (propietarios de los predios y mapuches que los reclaman) a un ámbito social mayor, que compromete los intereses de la sociedad, lo cual permite su instalación discursiva en los medios de comunicación. La noción de orden público (y sus contrapartes jurídico-judiciales: la Ley Antiterrorista y la Ley de Seguridad del Estado) constituye un modo particular, no sólo de entender la interacción de los sujetos, sino la interpretación de su accionar en la cultura jurídico-judicial propia del Estado nacional. Durante el período 1996-2000, se registraron cinco casos de procesos judiciales caracterizados por la relación conflictiva Estado de Chile / Indígenas Mapuches de Chile, en los cuales el Estado ha participado directamente a través de su Consejo de Seguridad. Estos casos son significativos de una consolidación de la relación conflictiva, puesto que el Estado se transforma, directamente, en una de las partes, confrontando al pueblo mapuche, representado por los inculpados.

Veamos, como ejemplo, uno de los casos, cuya acusación precisa:

– Vengo a interponer requerimiento en contra de todas aquellas personas que resulten responsables del delito contra el orden público.

– Esta acción puso en riesgo la vida y la integridad física de los conductores.

– […] además de provocar serios perjuicios económicos […].

– […] además del grave trastorno al normal desarrollo de las actividades económicas involucradas en el transporte de carga.

– Estos hechos son la culminación de un conjunto de acciones de fuerza, llevadas a cabo por estos mismos grupos […] que tienen por finalidad paralizar las actividades productivas de la Empresa Forestal Arauco.

– Los hechos descritos configuran el ilícito sobre Seguridad del Estado, norma que tipifica como delito contra el orden público, el destruir, inutilizar, interrumpir o dañar las instalaciones, los medios o los elementos empleados para el funcionamiento de actividades agrícolas y comerciales, y específicamente de transporte.

– Hacemos presentes estos hechos […] para evitar así que los hechos de violencia ya vividos a fines del año pasado puedan repetirse.

– Las anteriores declaraciones […] se encuadran precisamente en la figura que la ley tipifica como delito contra el orden público.

– […] este estado de armonía social y respeto a la legislación, es el que precisamente se vio alterado seriamente con el accionar de los condenados.

– No se trata de un atentado contra la seguridad interior, sino contra el orden público.

– […] deberá ella [la igualdad ante la ley] ser confirmada en todas sus partes, como única forma de dar garantía a la comunidad regional en cuanto al desarrollo de toda clase de actividades lícitas, incluidas las económicas, en un clima de armonía y de paz social, de seguridad para las personas y de cabal respeto del ordenamiento jurídico, constituyendo así una clara alerta a quienes pretenden, vulnerando la ley y por medios violentos, conseguir sus fines.

– […] estos hechos tipifican la figura delictiva contemplada […] Ley sobre Seguridad del Estado. 

– […] por los delitos contemplados […] sobre Seguridad del Estado [y] se digne condenarlos a la pena señalada para cada uno y a la accesoria anotada y costas del proceso como autores de los citados delitos.

Se observa cómo se configura la noción de atentado contra el orden público, a través de un razonamiento que utiliza diversas estrategias.

Por un lado, relacionar los hechos con otros hechos, dentro de un campo de representación social construido por la violencia, sin precisar cuáles son y si, efectivamente, pueden ser considerados del mismo modo para efectos de este caso. La estrategia es «traer al presente» una violencia histórica que redunda en una criminalización histórica, en una zona históricamente estigmatizada.

Por otro lado, ubicar el conflicto de los intereses económicos particulares en un conflicto –ya consignado como histórico– que afecta «las actividades económicas» y «las actividades productivas», en una región caracterizada por su pobreza y por su vulnerabilidad económica. Los hechos pasan de ser una consecuencia de la pobreza a constituir una de sus causas.

Por último, situar los hechos en un contexto más amplio, que desplaza el caso de una situación particular a una de carácter público y social. El problema entre las comunidades mapuches y las empresas forestales deja de ser un problema entre particulares, para transformarse en un problema de toda la sociedad, bajo la tipificación de delito terrorista o contra el orden público; donde lo público sustituye a lo privado y el espacio privatizado de las tierras que son propiedad de las empresas forestales se transforma, discursivamente, en el espacio de lo público, que, y sólo para estos casos, pasa a ser de todos.

En otras sentencias aparecen expresiones que reafirman el rol y los alcances de estos razonamientos en la vulneración de los derechos.

– Este delito, que por sí sólo es pluriofensivo, pasa a afectar la seguridad ciudadana y el orden público, por lo que se le sanciona en forma más rigurosa, no sólo como incendio sino que como incendio terrorista (RIT 21-2004D).

– […] un hecho público y notorio. (RIT 21-2004D).

– Como es de público conocimiento, en la región existen una serie de denuncias y de investigaciones, algunas judicializadas, realizadas por el Ministerio Público, por delitos de similares características, los que han provocado alarma en la opinión pública y que han tenido como víctima a empresas forestales, diversos agricultores de la zona y pequeños propietarios, que se encuentran en la situación descrita anteriormente (RIT 21-2004C).

– […] hecho punible que es un hecho público y notorio (RIT 21-2004C).

– […] su fundamento en aspiraciones de individuos que con infracción al ordenamiento social (RIT 21-2004C).

– Es un hecho público y notorio que en la zona, desde hace un tiempo a la fecha, están actuando organizaciones de hecho que usando como argumento reivindicaciones territoriales, realizan actos de violencia o incitan a ellos (Corte Suprema, 15/12/2003, 4423-2003).

2-

Reproducción de estereotipos y de prejuicios sociales y culturales sobre las comunidades mapuche y/o estereotipos favorables a la parte acusadora

Uno de los casos paradigmáticos al respecto es el registrado en el Tribunal de Juicio en lo Penal de Temuco, RUC 0400415571 3, RIT 101-2005. Según la sentencia, el 23 de noviembre de 2005, J.V.Ñ.Ñ. fue condenado por el delito de violación en la comuna de Lonquimay,

“a la pena de tres años y un día de presidio menor en su grado máximo, a las accesorias de inhabilitación absoluta perpetua para derechos políticos y la inhabilitación absoluta para cargos y oficios públicos durante el tiempo de la condena y al pago de las costas del juicio […] se le condena, además, a la vigilancia de autoridad durante los diez años siguientes al cumplimiento de la pena principal […] que se le otorga el beneficio de libertad vigilada quedando sometido a un plazo de tratamiento y de observación de tres años y un día”.

La sentencia se sustenta en los siguientes argumentos: por un lado, que la persona «vive en una comunidad Pehuenche [comunidad indígena rural], a no más de dos o tres kilómetros de Lonquimay». De esta forma, se desestima la condición de ruralidad y de aislamiento de J.V.Ñ.Ñ. utilizada por la defensa para acreditar un error de tipo y/o prohibición. En este caso, por razones estrictamente espaciales –y el imaginario urbano-rural más convencional–, él debe estar en conocimiento de su falta. Por otro, que la persona «tiene en su hogar aparatos de televisión y radio que lo conectan al resto del país y el mundo». De este modo, se sitúa la discusión, precisamente, en las lógicas y en las dinámicas propias de una audiovisualización sociocultural, ideológicamente estandarizada, en la cual nos encontramos; mediante la instalación de algunas presuposiciones sobre las tecnologías y los medios de comunicación.

Frente a esto último, hay algunas presuposiciones que es necesario aclarar:

– Que la presencia de aparatos de televisión y de radio implica una conexión relativamente completa al mundo. Esta afirmación, per saltum, intenta estandarizar los modos de vida (especialmente rurales), imponiendo una racionalidad materialmente inclusiva (presencia de aparatos audiovisuales) por sobre cualquier comprensión de las diferencias. La base de la argumentación es que la tecnología nos hace iguales al democratizar nuestras relaciones con el mundo, sin estimar consideraciones elementales asociadas al consumo tecnológico, en el cual, precisamente, radican brechas muy significativas. La pregunta fundamental sigue siendo: la presencia tecnológica, ¿implica que todos tenemos el mismo acceso? Y, de ser así, y ya en términos más epistémicos, ¿supone una forma estandarizada de «mirar»?

– Asumiendo lo anterior, y concediendo crédito a dicha prueba, emerge otra presuposición: que en el ánimo del consumo tecnológico ideológicamente estandarizado, y en las características de dicho consumo (horas de exposición y tipo de contenidos, etc.) –que, por cierto, no son referidas en la sentencia –, se configuraría una relación estrecha entre los requerimientos de la sociedad (estar plenamente informados sobre nuestros derechos y deberes, y nuestra forma de relacionarnos con los distintos sistemas normativos, como el jurídico-judicial, etc.) y el rol efectivamente informativo y, más aún, educativo que cumplirían los medios de comunicación.

– La línea argumental planteada por los jueces en la sentencia va más allá, porque incluye una presuposición de naturaleza ontológica: que es posible considerar al receptor de manera uniforme, asignándole competencias compartidas por una virtual comunidad de consumidores tecnológicos.

– De lo anterior se desprende, también, una función sinérgica de los medios de comunicación, los cuales asumirían el rol de seleccionar, ya no con criterios económico-políticos-, sino sólo con criterios informativo-educativos funcionales a la sociedad. Y aunque esto último podría ser demostrable, siguiendo la lógica de la funcionalidad sistémica de los medios de comunicación, no podemos desconocer su relación intrínseca con las otras variables. Al menos, sería conveniente explicitar esta relación.

– En cualquier caso, se presupone abiertamente una equivalencia operativa entre información y educación, obviando la actual condición de los contenidos.

– Por último, se presupone que los medios de comunicación masiva están cumpliendo una «correcta» función social al entregar información relevante, requerida para el buen desempeño de las personas en los distintos sistemas existentes, como el jurídico-judicial.

3.

Vulneración de derechos mediante el uso de razonamientos discriminatorios, como parte de un tipo de relato legitimado socialmente e integrado a la rutina productiva de los tribunales Por caso, la relevancia que adquieren los partes policiales en la producción de estos discursos nos exige centrar, también, nuestra atención en ellos. Su incorporación en la rutina productiva de los tribunales, y del proceso en general, permite entender la fuerte presencia de ciertos relatos factuales en el proceso, ciertos hechos que configuran «la realidad». Por ejemplo, lo ocurrido el 1° de diciembre de 1997 como una construcción casi mítica en el proceso, indesmentible e indiscutible, hasta la sentencia. Se reproducen algunos ejemplos consignados en el «Requerimiento del recurso de Ley de Seguridad del Estado (Rol 02-97)»:

– Alrededor de veinte personas al parecer de ascendencia mapuche (algunas de ellas encapuchadas), quienes procedieron a detener a tres de los cuatro camiones.

– […] esta no es la primera acción de esta naturaleza que afecta a la Forestal Bosques Arauco S.A.

– Los presuntos autores materiales del hecho serían miembros de la Comunidad Mapuche Pichi Lincoyán […] quienes además protagonizaron hace algunas semanas una toma de las oficinas de la Dirección Nacional de la CONADI.

– […] al menos tres de los autores del delito actuaron armados con escopetas.

– […] que han sido progresivamente más violentas y que son instigadas por dirigentes.

– […] por tratarse de los mismos dirigentes y grupos que han actuado en los hechos descritos.

– […] dicho predio [Pidenco] fue tomado nuevamente por las señaladas comunidades.

– […] a fin de determinar si todos o alguno de los procesados en estos autos, que se encuentran en libertad provisional, está participando de esta nueva ocupación del Fundo Pidenco.

– […] por estimarlo autor de los delitos investigados.

– […] personas desconocidas de ascendencia mapuche procedieron a atacar con palos y piedras a camiones.

Consideraciones finales

Las diferentes sentencias analizadas transmiten prejuicios y estereotipos en la forma de hechos o de factualidades que concurren a la acusación y se transforman en modos concretos de discriminación étnica. Esto se logra mediante las siguientes macroestrategias discursivas:

– Vincular los hechos violentos con una lógica de «presuntos culpables»: «al parecer de ascendencia mapuche», «personas desconocidas de ascendencia mapuche», etcétera.

– Concatenar hechos con otros no precisados ni probados: «No es la primera acción», etcétera.

– Establecer los hechos como parte de una práctica organizada: «Presuntos autores materiales del hecho serían miembros de la Comunidad Mapuche Pichi Lincoyán», etcétera.

– Establecer los hechos como parte de una práctica de violencia progresiva: «Que han sido progresivamente más violentas y que son instigadas por dirigentes», etcétera.

En otras sentencias aparecen expresiones que reafirman el rol y los alcances de estos razonamientos en la vulneración de los derechos, a saber:

“Para convicción del tribunal, se encuentran acreditados los elementos del tipo penal exigidos por el artículo 7º de la ley 18.314 que determina conductas terroristas y fija su penalidad, puesto que las declaraciones ya analizadas emanan de personas vinculadas directamente con los hechos o que adquirieron un conocimiento por diversos motivos, testimonios que resultan coherentes con las pericias y las evidencias documentales incorporadas durante la audiencia, que constituyen antecedentes que en su conjunto y libremente apreciados conducen al convencimiento de tener por acreditados, más allá de toda duda razonable, los hechos materia de la acusación fiscal y particular, como quiera que las acciones que causaron estos delitos demuestran que la forma, los métodos y las estrategias empleadas tenían una finalidad dolosa de causar un estado de temor generalizado en la zona” (Corte Suprema, 15/12/2003, 4423-2003).

Lo relevante desde el punto de vista del discurso, es que estos enunciados se presentan como fácticos, lógicos y racionales; y desde allí van configurando una representación social que se integra, posteriormente, en otros juicios y sentencias, como parte de un proceso de producción.

Finalmente, como se ha logrado demostrar aquí, es importante consignar al menos dos situaciones que este estudio aporta en un ámbito más general. Por un lado, el rol importante de los estudios y los análisis discursivos como peritaje válido para acreditar enunciados referidos a hechos de naturaleza inmaterial y subjetiva, como es el caso de la condición de discriminación, mediante estereotipos y prejuicios en la gestión de justicia en tribunales. Desde esta posición analítica es posible proyectar importantes evidencias jurídico-judiciales, porque se otorga relevancia a los análisis de las discursividades como una forma de trabajo productivo, con resultados sociopolíticos significativos.

Por otro, la posibilidad de comprender el trabajo de/en los tribunales como un modo de producción de discursos que reproducen, al transformarse en decisiones, las lógicas y las dinámicas socioculturales a las cuales pertenecen quienes los producen. Este es un rol desmitificador significativo.

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* Carlos del Valle Rojas es periodista y Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de La Frontera y Doctor en Periodismo de la Universidad de Sevilla. Actualmente se desempeña como decano de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad de la Frontera.

Las Humanidades: ¿para quién?

Autor: Adolfo Vera

Confieso que la pregunta “¿para qué sirven las Humanidades, las Ciencias sociales y las Artes”?, yo la complementaría con la de  para quién sirven, si es que en verdad sirven; en el paso de la cosa abstracta a la que nos obliga la pregunta por el “qué” hacia la concreción humana –el llamado a un rostro- del “quién” se juegan, me atrevería a decir, gran parte de las cuestiones que se tornan esenciales hoy en lo que respecta al sentido, en nuestras sociedades, de las artes, las humanidades y las ciencias sociales. Ese pasaje es a su vez una retroalimentación: no hay “humanidad” hoy sino en cuanto ella debe hacerse cargo de lo abstracto y lo no-vivo (la tecnología), lo artificial y lo virtual, que modifican radicalmente a la vida. Como sea, no es inútil preguntarse por las relaciones que estos tres saberes y prácticas poseen entre sí, en relación a su propia historia, porque es claro que no han acompañado siempre a esa Humanidad –permítansenos las mayúsculas- que buscan estudiar, definir, y ante todo interrogar. Quisiera concentrarme en esta breve reflexión en lo que respecta a las Humanidades.

Las Humanidades y el Arte, como los conocemos, son fruto del Quatroccento italiano, y como tales inauguran una época en la que se comenzará a dibujar el rostro de un nuevo personaje que ingresará en la historia en medio de escenografías majestuosas, tratados eruditos, colecciones privadas, frescos, pinturas radicalmente novedosas, flujo de capital y comercio global: el Hombre; esta invención, a su vez –por ejemplo, en las Vite de Vasari, del año 1550- traerá consigo la invención de la historia misma. También, de la Utopía. Todas estas invenciones implican una modificación radical en el quién y en el nosotros, y entonces, en el qué y en el cómo. ¿Qué hacer con la ciudad, a quiénes integrar en ella? ¿Cómo ubicar a este nuevo personaje (el Hombre), cuyo cuerpo empieza a ser reinterpretado a la luz de los clásicos grecolatinos, ya no en un topos hiper-jerarquizado (la sociedad feudal) sino en un cosmos volcado al libre intercambio de las mercancías y los conocimientos, pero también en el contexto del Nuevo mundo –nosotros, entonces- que acababa de ser descubierto? ¿Cómo imaginarlo, también, en el contexto de ese lugar sin lugar llamado utopía? Las humanidades y el arte surgen como un modo de dar respuesta a esas y otras interrogantes. Pero el contexto no es, como se ha solido interpretar, el de un triunfalismo sin contrapeso que confiaría en el progreso infinito del hombre –o de la humanidad- gracias a sus redescubiertas facultades. Se trata, más bien, del reconocimiento de una cierta fragilidad, de una negatividad que corroerá finalmente toda positividad: la muerte, el olvido. Este último, para Vasari, sólo podrá ser vencido por el trabajo del historiador, y  tiempo después será Vico quien historizará al arte y la literatura como un modo de descubrir la historia del nuevo personaje, el hombre, sacándolo del pozo negro del olvido, y haciéndolo eterno como los dioses. Se tratará de vencer gracias a la luz de la razón las tinieblas del olvido, el que ya ha gobernado la existencia de los hombres por épocas enteras, en las que los nombres de los grandes personajes de la historia no se recordaban.

Humanismo y arte se abocarán desde entonces y hasta hoy a representar –cuánto de lo humano inventado por el Humanismo se juega en este sólo concepto: representación– una fisonomía como aquellas que en la época de Vico, un italiano, Della Porta, y un francés, Le Brun, se dedicaron a realizar desde los fundamentos científicos del dibujo (que, según el concepto renacentista del disegno, es también la idea, el plan y el proyecto) de las relaciones entre el rostro humano y la cabeza de los animales, y que ya antes de Darwin recibían el nombre de fisiognomonía (el alemán Lavater le daría un estatuto científico) y hacían ver con estupor cómo la autonomía del nuevo personaje se disolvía en la otredad de lo animal. El humanismo entonces, el que en tanto época fue modulado por las humanidades en un sentido amplio –las que, a diferencia de lo que establece hoy la especialización universitaria, incluían a las ciencias en tanto forma esencial de la modulación de la experiencia humana-  nunca pensó que este nuevo personaje que inventaba triunfaría sin más en su pretensión prometeica de robar, otra vez, el fuego a los dioses. Más bien, su verdad –que será también la de la modernidad misma- la expresó Goya en la frase de su famoso grabado: “el sueño de la razón produce monstruos”. En lo que concierne a los aparatos de proyección de formas y representaciones, sabemos que ya en el siglo XVII el jesuita alemán A. Kircher inventaba la Linterna Mágica, el fósil más antiguo del aparato cinematográfico, la que a fines del siglo XVIII, en el contexto inmediatamente posterior a la Revolución Francesa, daría origen al espectáculo de la “fantasmagoría” –varias linternas mágicas proyectando imágenes de calaveras, fantasmas y otros hechos sangrientos en el espacio vacío de un convento derrumbado- inventado por E.G. Robertson. Si lo que Heidegger definió como la “época de la imagen del mundo” produjo en gran medida imágenes fantasmagóricas, gracias a los aparatos de representación mecánica, podemos decir que el Hombre inventado por el Humanismo no es uno que no contenga, en sí mismo, la representación de su propia violencia o de sus dobleces fantasmales. En ese sentido, la pregunta por el para quién –es decir, qué comunidad– del humanismo, estando ella sujeta, por hipótesis, al mundo de las representaciones, no puede sino ser respondida atendiendo al momento esencialmente fantasmagórico, a su conformación en tanto ficción, de la comunidad. No hay respuesta concreta a un tal “para quién”: sólo hay representaciones, ficción; si la hubiera, ya no estaríamos en el ámbito del “humanismo” ni en el de las “humanidades”. ¿En el de la política, tal vez?

Las humanidades están más vivas que nunca desde que se comenzó a hablar de una “muerte del Hombre”. Pensar que eso significaba dejar vacío el motivo central que le dio origen -¿qué es el “hombre”’?- y por ende dejar vacante su tarea –la que tendría que ser llenada entonces por la “ciencia positiva”- implica no entender que ese lugar siempre estuvo vacío, y sólo fue llenado por ficciones y representaciones (tendientes siempre a la fantasmagoría). Como sea, una tal discusión, iniciada ya desde la tercera década del siglo pasado, en el contexto de las catástrofes políticas y sociales que asolaban (y asolan) a las sociedades occidentales y no occidentales, nos ha obligado a hacernos cargo de los grandes olvidados del humanismo: el mundo de los animales y el del objeto técnico. La violencia política, que terminó haciéndonos ver que la barbarie es uno de los destinos posibles del Humanismo (Benjamin), nos obliga a considerar, por un lado, que ninguna otra especie animal es capaz de una crueldad semejante a la ejercida por el hombre, y por otro, que la lucha en contra de la cosificación –camino directo hacia la barbarie-, y por ende en contra del capitalismo, debe ser realizada no “contra” el objeto técnico, sino que “con” él (se trataría, como diría Gilbert Simondon, de des-alienar al objeto técnico, y no sólo al usuario del mismo). Algunos autores –los llamados “post-modernos”- pensaron que se trataba de superar y dejar atrás al humanismo, principal responsable de la barbarie moderna;  en muchos puntos no se equivocaron. A diferencia de ellos, hoy sabemos que esa tarea la realizaría no un discurso teórico, sino una práctica económico-política: el neo-liberalismo. Por ello hoy no es tan sencillo ser “post-modernos”. Si uno asume que nos movemos en un territorio de ficciones y representaciones, podemos asumir igualmente que de lo que se trata es de inventar otras ficciones, otras representaciones: así el humanismo, y por ende las humanidades, no claudicarán ante los “positivismos” que siempre quisieron destruirlo, por temor sin duda a sus fantasmagorías, más inocentes –como sea- que las que produce la “positividad” cotidiana del mercado.

No se trata de salvar ni de enterrar al “humanismo”: bastante se lo enterró (y se lo salvó) durante el siglo pasado. Se trata más bien de volver a plantear la pregunta inaugural por el quién y –como hicieron utopistas y artistas de la representación- inventar las ficciones que le corresponden. Estas ficciones habrán de surgir de la paradoja siguiente (tal vez la más desgarradora): cada reinvención de lo común –del más particular al más universal, y nunca el uno sin el otro- tendrá que hacerse cargo de la catástrofe de la violencia extrema (la desaparición, la tortura, el genocidio que ha estado en el origen y desarrollo de las naciones modernas) y desde ahí –desde esa violencia que es lo real mismo- inventar los destinatarios múltiples, siempre ficticios y espectrales, de la pregunta por el “quién” que debe estar a la base del humanismo y de las humanidades.

* Prof. Dr. Adolfo Vera (Director Magíster en Filosofía, Universidad de Valparaíso)

Inquisitio y sentido de estilo (de la comprensión de las humanidades)

Autor: Andrés Claro

La metodología de la inquisitio no tiene jurisdicción en las humanidades. Existe una gran diferencia entre probarle a todo el mundo que se tiene razón y responder a los desafíos que impone habitar un mundo. Unos tienden a investigar hechos de acuerdo a un patrón de verificación sancionado al interior de un paradigma más o menos consensuado. Otros, a crear y comprender entidades y actividades en un horizonte de experiencia histórico-cultural: ante la pulsión de prueba incriminatoria, apelan al recurso, a una renovación constante del expediente que pospone los arrebatos de juicio final.

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Hasta nuevo aviso, los seres humanos no crean entidades como la materia que compone el universo o los animales que pueblan la tierra (sólo los bautizamos y concebimos de diversas maneras a lo largo del tiempo). Pero en el esfuerzo por comprender nuestra situación y configurar un mundo habitable, sí creamos y seguiremos creando una gran variedad de entidades y actividades que conforman la cultura: las artes de educar y de gobernar; las leyes, las instituciones sociales y la organización económica; la arquitectura, el urbanismo y las costumbres; la literatura, las artes y las religiones; las ciencias, las disciplinas y las técnicas; las concepciones de la realidad, del tiempo y de la historia; los modos de pensamiento y las lenguas (ante el lenguaje en general, convengamos en que es el ‘instinto del hombre’) –en fin, toda una serie de formas de expresión y de comunidad que son juez y parte de los mundos históricos que conforman, transformándolos continuamente, y transformando al ser humano dentro del mundo.

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Sólo una sociedad profundamente alienada podría expresar hoy por hoy sorpresa ante la perogrullada de que vivimos en mundos posibles que nosotros mismos hemos configurado. La idea de que la comprensión de estas formas humanas de hacer mundo es una tarea menos seria o autónoma que el conocimiento de la naturaleza es un prejuicio ya más difundido, interesado y peligroso.

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No es lo mismo inquirir sobre lo que se considera dado, como ocurre en las observaciones y clasificaciones que hacen las ciencias regionales acerca de la naturaleza, que comprender lo creado por el ser humano o seguir creando de manera acorde, para lo que se requiere un ‘sentido de estilo’. Registrar regularidades en alguna parcela de la realidad –percibir o abstraer la repetición en vistas a validar leyes o modelos para alguna dimensión del espacio-tiempo o de la vida, si se quiere–, es una actividad perfectamente humana, donde no se es menos artífice que observador. Pero lo que suele definir un estilo es el carácter individual e irrepetible, precisamente lo que escapa al método estadístico que domina en las ciencias naturales y sociales, por mucha corrección y complejidad que incorporen a sus sistemas de variables. Si la comprensión de un estilo podrá ser eventualmente parafraseada deductiva o empíricamente, no es nada sin la penetración imaginativa que la genera. Si puede cerrar el foco sobre un eventual detalle significativo que revele la diferencia específica, e incluso amplificarlo para generar conocimiento característico o caricatural, no es nada sin una visión del conjunto de las capacidades simbólicas del hombre (cualquier paseante distraído sabe que una melodía afecta sus maneras de mirar). No separa la forma del contenido de la experiencia o del discurso pues tiene consciencia de que no hay maneras distintas de decir o proyectar lo mismo. No busca hipostasiar una constante a partir de la repetición de un experimento, sino generar instancias ejemplares, lo que constituye una referencia de otro cuño.

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Los procedimientos de la radiografía no son los del retrato; como cualquier estilo, reorganizan el mundo de manera tan dramática como las entidades que traen a la luz. Confrontada a un objeto natural, por muy ocultas que suponga sus estructuras profundas, la ciencia opera por hipótesis y demostración, sospecha y sentencia, argumentando a través de generalizaciones y uniformidades derivadas de la copresencia de los objetos y eventos que le entregan sus conceptos, categorías e instrumentos, lo que le permite diferenciar, al menos por un tiempo y en un campo, entre lo que considera verdad y error. Es lo que suele comunicar mediante un género discursivo sui generis, el paper, cuya ley enunciativa es la de un pronunciamiento de ambición impersonal, literal y denotativa, a veces matemática, donde alguien previamente autorizado como experto expone sus descubrimientos sobre un aspecto puntual y técnico, de manera breve y clara, al día y efímera, susceptible de consenso y dispuesta a ser corregida o sobrepasada por la siguiente comunicación que genere actualidad. Ante las creaciones del ser humano, en cambio, no hay coartada realista que valga: se está obligado a asumir de entrada toda una variedad de mundos posibles, cuyos horizontes de experiencia se revelan más o menos eficaces, adecuados o aberrantes según hábitos, motivos, propósitos y puntos de vista que, por refinados que puedan llegar a aparecer en los diversas figuraciones creativas – desde la filosofía, la historia y demás saberes hasta la literatura y las artes– no son distintos de aquellos que conciernen a los hombres y mujeres en sus relaciones habituales de vida. Es lo que amerita un lenguaje socialmente compartido, que despliegue toda la variedad de formas desarrolladas históricamente para desplegar esta doble tarea crítica y fundacional: el diálogo, el ensayo, la meditación, la epístola, la biografía, la crónica, la digresión, el aforismo, el fragmento, el artículo, el manual, la monografía, la suma; en fin, más recientemente los medios audiovisuales y siempre y sobre todo el libro.

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Premiar pavlovianamente la aplicación de una ley discursiva propia de las ciencias naturales (y del inglés de conferencia) en las humanidades no tiene nada de anodino o anecdótico. Muchísimo más eficaz como método de represión de mundos alternativos que la prohibición de la censura o la descalificación epistemológica directa, este papeleo y papelón transforma a bajo costo a las humanidades en un ejercicio de glosa arqueológica de archivos, obras y autores u otra forma posible de la prueba, haciéndonos a todos cómplices más o menos advertidos de la facticidad de turno.

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No es lo mismo usar el sentido de estilo para probar algo –digamos, para demostrar que una obra pertenece a un autor o a una época determinados–, que activar un sentido de estilo para comprender cómo una obra representa o abre posibilidades imaginativas de configurar un mundo habitable. Entre los primeros, hay una tendencia a tomar la obra como objeto y servirse de manuales clasificatorios que proponen rasgos peculiares como elementos de prueba, lo que abulta su cosecha de un cúmulo de manierismos. Aseguran el botín al precio de echar por la borda gran parte de las preguntas y matices ineludibles de lo humano. Lo segundos pueden llegar a conocer la experiencia de embarcarse en un periplo que obliga a ajustar las expectativas al cruzar cada cabo, donde el desconcierto es condición de posibilidad de un nuevo mundo. También Colón creyó haber llegado a las Indias Orientales cuando, como se sigue diciendo por ahí, ‘descubrió’ América.

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Se sabe que el análisis no sirve de nada sin una síntesis imaginativa, capaz de descubrir, o sea, de crear. Para ello, sin embargo, la disección debe haber dejado vivo al individuo, lo que no ocurre ni en las lecciones de anatomía ni en las torturas de la inquisitio.

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La paradoja es tan sólo aparente: mientras la teoría científica, con su pretensión de validez ahistórica, es enterrada cuando surge una versión más convincente de los hechos (absorba o no a la anterior en sus entrañas), las creaciones humanistas, conscientemente datadas y situadas, tienen una organicidad que les da vida histórica, permitiéndoles resurgir una y otra vez de la tumba a decir lo que tengan que decir.

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La diferencia entre probar y comprender no está delimitada por la proveniencia última o física de las entidades a que se aplican. Ante la piedra en la cantera o en la mina, se suele preguntar ‘qué es’ o demostrar ‘qué elementos la componen’. Ante la misma piedra en un pedestal (o en el zapato, según sea el caso) se puede preguntar ‘qué significa’ y explicar ‘cómo y por qué expresa lo que expresa’. Este comportamiento, que no es exclusivo de las piedras, hace que las entidades y las actividades puedan expresar un día y no hacerlo al día siguiente, o expresar cosas distintas en lugares y tiempos diferentes. Es cuando se constituyen en ‘obras’ –cuando aquello sobre lo que se pregunta aparece creado por quien pregunta: el ser humano–, que debe discernirse si y cómo es que sus formas y comportamientos contribuyen a la configuración de qué mundo.

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Tal como la explicación del estilo de una escultura no se hace a golpes de martillo, para la comprensión de las ciencias naturales como ‘obra de los hombres’ de poco sirve la inquisitio, el método con que la ciencia investiga felizmente, de manera punzante y cortante, los objetos que aísla en la naturaleza.

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Si una teoría científica es un gran hecho, los hechos son pequeñas teorías. Cuando la investigación (natural o social) afirma que es verificable, lo que afirma es que es capaz de repetir la aparición conjunta de las entidades y los eventos que sus conceptos, categorías e instrumentos conciben y consideran relevantes para su experimento, dejando todas las demás entidades y eventos posibles del ‘mundo ordinario de los hombres’ fuera. Hace del experimento un ejemplo de la teoría; se maravilla ante una uniformidad en la naturaleza que él mismo ha aislado o proyectado creativamente. Lo cual lo honra, a su manera.

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Es un contrasentido evidente pretender que las creaciones originales en las humanidades –y lo mismo puede decirse de los modelos que transforman la ciencia–, sean juzgados institucionalmente en tiempo real y mediante parámetros de prueba establecidos de antemano. Imponer, por añadidura, el criterio de la ‘necesaria utilidad’, es ya una aberración mayor. Pues lo que resimboliza un mundo antecede e impone los raseros mismos que servirán para comprenderlo, tal como antecede la posibilidad de un uso instrumental de las nuevas formas con que sintetiza la experiencia. Una institucionalidad de buena fe, que quiera incentivar la comprensión y la creación humanas, no podría pretender ahorrarse el dilema existencial: en algún momento del camino tendrá que confiar y apostar; incluso (o sobre todo) cuando la contraparte haya defraudado sus expectativas. Entonces, su actitud se revelará estrictamente contraria a la del huaso macuco que cree que le están tomando el pelo cada vez que no entiende algo.

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La constatación de la variedad cultural y la transformación histórica –la celebración misma de las posibilidades creativas de configurar experiencias alternativas que respondan a los desafíos de la cultura en el tiempo– no proscribe la evaluación o el juicio. Ciertamente, proscribe abusar de la trillada frase de nuestros realistas – “digamos las cosas como son”–, tal como proscribe hacer del consenso un velo de resignación, racionalizado o involuntario, ante la fuerza. Pero el corolario no es un relativismo sin posición, sino una evaluación a partir del encuentro entre mundos capaces de inseminarse recíprocamente, una confrontación entre estilos históricamente determinados donde tal como el presente puede juzgar y transformar el pasado el pasado puede juzgar y transformar el presente. Cuando halla dos o más versiones divergentes de los hechos, no concluye que una (o todas) sean necesariamente ‘incorrectas’, sino que se pregunta a qué mundos pertenecen y cuáles son las posibilidades de traducir –cuáles son los límites, pérdidas y posibilidades de paso– entre estos mundos que se despliegan en indiferencia o conflicto. Al evaluar la corrección de una obra, no la considera el producto inevitable de un contexto o de un sujeto, sino una creación de experiencia que puede situarse de muy diversas maneras frente a su primer contexto, incluido el propio artífice, y a otros contextos. Las dificultades que supone comprender un mundo a partir de la perspectiva propia que imponen las formas de otro –nuestro propio principio de incertidumbre– son tan evidentes como asumidas: lo suficientemente humanos para habitar y tomar decisiones sin hipostasiar un rasero que dirija toda instancia de juicio desde el más allá o el más acá. Los efectos que puede traer la inseminación de un sistema de representación a partir de las formas de otro, son tan impredecibles como aceptados: lo suficientemente históricos para no temerle a nuevas maneras de sentir, pensar y actuar susceptibles de ser socializadas, de transformar el sistema de representación de la comunidad para seguir respondiendo a las necesidades y desafíos que impone la vida histórica.

* Andrés Claro (ensayista, profesor en el Doctorado en Filosofía c/m Estética, Universidad de Chile)

Comentarios sobre las condiciones de las Ciencias Sociales latinoamericanas y la importancia de sus aportes

Autor: Marcelo Arnold

Mi experiencia como Presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología (2013- 2015) y Decano de la Facultad de Ciencias Sociales (2006 – 2014) me permitió valorar la riqueza y variedad de las expresiones de las ciencias sociales regionales y locales, pero también apreciar sus debilidades y desafíos. Esa posición, además, me entregó el convencimiento que nuestras producciones deben mantener su tradicional perspectiva reflexiva crítica y no abandonar ese sello, pero a la vez deben apoyarse en recursos acordes con el mejor nivel de nuestros estándares disciplinarios.

Tomando en cuenta lo anterior, y enfrentados a anuncios respecto a la instalación de una nueva institucionalidad para el desarrollo las ciencias, mi motivación es alentar a posicionar nuestras producciones en el contexto global, aumentar su protagonismo, niveles e impacto y reducir su dependencia, especialmente cuando no hay limitaciones intrínsecas o inalterables que lo impidan.

La importancia o el sentido público de las ciencias sociales es contundente. La necesidad de robustecer estas disciplinas vale tanto si se las conciben como medios de ilustración, para la solución de problemas o de emancipación. Respecto a esto último, incluso quienes desconfían de las instituciones y promueven cambios sociales radicales o re-plantean nuevas utopías movilizadoras, no pueden conformarse con producir discursos sobre la sociedad y sus procesos con la pura intuición o el voluntarismo.

La ausencia de buenas ciencias sociales resienten a la sociedad. Sin la contención de conocimientos fundamentados científicamente a los ciudadanos solo les queda ser abastecidos de información sobre sus propias condiciones de vida de los peores modos. La banalización y el dogmatismo siempre están prontos para cubrir los vacíos de conocimientos. Es así como la publicidad y las consignas han ganado terreno en la conformación de una imagen de sociedad. Esa ruta no es promisoria. Con ella se refuerza el simplismo de opinantes y comentaristas que exponen sus particulares y livianas creencias a públicos que sólo buscan confirmar las propias, o que persiguen enfrentar su tedio con el escándalo y el sensacionalismo (eso sin considerar que apuntalan una pereza que evita el estudio, la lógica y la evidencia como fuente del conocimiento).

Las posibilidades para el desarrollo de las ciencias sociales locales son auspiciosas. Los acelerados cambios y las recurrentes crisis e incertidumbres, de todos los tipos, que se notifican a través de los medios de comunicación para las masas han incrementado la necesidad de explicaciones y tecnologías que contribuyan a la convivencia social y al mejoramiento de nuestras calidades de vida. El problema es que esas expectativas se decepcionan cuando los aportes carecen de fundamentos sólidos. Tampoco resulta muy favorable que los decisores solo dispongan de las visiones económicas de los fenómenos sociales, o las del modelamiento matemático o de las neurociencias. Estos enfoques son promisorios y parecen no tener contrapesos, pero son limitados.

La producción de buen conocimiento sobre la sociedad y sus problemas requiere sortear obstáculos. Se hace cada vez más arduo tratar de describir las interrelaciones sociales y más todavía explicarlas, pronosticar e incluso indicar tendencias de corto plazo. La complejidad social es apabullante, pero a ello no debe agregarse el desánimo o la pasividad. A propósito de lo último, llama la atención que nuestros acervos disciplinarios, es decir aquellas materias que se enseñan a los estudiantes o que se referencian en las publicaciones provienen, casi exclusivamente, en centros localizados en los países occidentales desarrollados. Sin que asombre se espera de autores foráneos la inspiración, o los recursos, para estudiar e interpretar nuestras realidades, incluso para abastecerse con pensamiento crítico o de nuevos enfoques latinoamericanistas. Esta situación choca con lo deseable dando cuenta de un limitante auto-colonialismo disciplinario que, en parte importante, es consecuencia de nuestras propias actitudes.

Las actuales formas de las actividades científicas ofrecen buenas oportunidades para que participemos más decididamente en las producciones de punta en ciencias sociales. En nuestro medio se encuentran algunos desarrollos sustantivos en trabajos de Fernando Robles, Aldo Mascareño o de Daniel Chernilo, entre otros.

Contribuiría a robustecer nuestras disciplinas colocar nuestro foco en observar las producciones regionales más reconocidas. Por ejemplo, estudiar las características de aportes como la modernización asincrónica de Germani, la teoría de la dependencia de Cardoso y Faletto, la evolucionista de Ribeiro, a los cuales podrían agregarse las producciones de Ernesto Laclau, Paulo Freire, Theotonio Dos Santos, Pablo González Casanova, Antonio Cattani, Aníbal Quijano, José Mauricio Domínguez, de las investigadoras feministas y de muchos otros y otras investigadores(as) latinoamericanos(as). Salta a la vista que en estos aportes de excelencia, que a primera vista contravienen las tendencias, se vinculan análisis de procesos sociales locales con equivalentes de alcance global y no se desestima incorporar críticamente conceptualizaciones o metodologías de carácter universalista. De esta manera se favorecen explicaciones que se conectan e impactan ante públicos más extensos y especializados. Una buena alternativa es fomentar estudios con formatos equivalentes. Es decir, que traten los temas-problemas que se despliegan en el mundo contemporáneo. Por ejemplo, las nuevas y crecientes desigualdades y exclusiones sociales; la devastación de los recursos medioambientales y el calentamiento global; el repliegue de los estados, la desprotección y el individualismo; los impactos de los cambios sociodemográficos; las modificaciones de las pautas afectivas, sexuales y de género; la transformación de la impaciencia ciudadana en indignación, protestas y otras expresiones equivalentes. Sin duda esos temas se abordan con frecuencia, pero al descuidar en sus análisis las vinculaciones globales sus ofertas son demasiado particularistas.

Las ciencias sociales locales podrían hacer importantes aportes que, incluso, pueden anticipar tendencias globales. Se puede contribuir con mucha evidencia sobre, por ejemplo, los conflictos, desigualdades y precariedades sociales y su tratamiento -temas que bien van conociendo y experimentando muchos europeos, chinos y estadounidenses. También sobre los efectos sociales que se relacionan con rápidos e inequitativos crecimientos económicos, que han dado lugar al creciente protagonismo político de los sectores medios emergentes, sobre las vulnerabilidades de la variante neoliberal del capitalismo contemporáneo, o de cómo las aspiraciones de los individuos y sus familias se procesan con mejores posiciones de consumo dando lugar a vidas cotidianas que se desenvuelven, sin respiro, bajo un futuro pleno de incertidumbres.

Ciertamente, el fortalecimiento y posicionamiento de las ciencias sociales acorde con sus posibilidades, no sucede como un proceso natural, del cual el tiempo se hace cargo. Los efectos de una actitud pasiva son similares a lo que ocurre en una escalera mecánica: a nivel global todos avanzan, pero las distancias se acrecientan, cuando no, algunos ya están en los otros pisos (en ese sentido conviene observar el reciente desarrollo de las ciencias sociales brasileñas, a pesar de que, en comparación, sus universidades son de reciente fundación). Tampoco es un bien síntoma caer en una moda posmodernista de diluir la especificidad de las ciencias sociales en saberes de otros tipos.

Nuestra apuesta es subrayar la formación en ciencias sociales locales alentando tanto su versión crítica como su rigurosidad y especificidad. Estas condiciones son requisitos para que sean tomadas en cuenta. Afortunadamente, disponemos de los recursos reflexivos, tanto en nuestra centenaria universidad pública como en los nuevos centros académicos donde trabajan nuestros egresados. Desde allí se pueden producir aportes que tengan una profunda significación, no solamente para la requerida (auto) comprensión de la sociedad, sino también para bosquejar ofertas sobre el futuro que queremos para la convivencia humana. Lo anterior pasa también por moderar razonablemente las expectativas frente al valor de conocimientos, cada vez más provisorios, y lo mismo respecto a los beneficios esperables de sus aplicaciones. Pero con todo, las restricciones de las prestaciones científicas son mejores que los “palos de ciego”.

En síntesis, independientemente de las estrategias que se adopten, es deseable fomentar y reforzar la integración de nuestras producciones con las discusiones y debates globales. Vale la pena explorar las ofertas disponibles y remontar nuestros actuales déficits. Nada conviene menos que la cómoda crítica de pasillo o de café, que conlleva al sometimiento a patrones de producción de las ciencias sociales, sin intervenir en ellos.

Bueno, los desafíos están expuestos podemos empezar a sacudirnos o proseguir en nuestra pasiva espera.

* Prof. Dr. Marcelo Arnold-Cathalifaud. Profesor Titular. Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales. Email: marnold@uchile.cl

El humanismo, las humanidades

Autor: Carla Cordua Sommer

Las humanidades son una creación del humanismo. Pero “humanismos” hubo varios antes de la edad moderna. A partir del siglo XIV, los humanistas italianos del  renacimiento ejercen una gran influencia sobre la educación elemental y universitaria de su país. Pronto las humanidades se convierten en un ciclo bien definido de materias de estudio: este ciclo incluye gramática, retórica, poesía, historia y filosofía moral. Son disciplinas dedicadas a asuntos mundanos o seculares, en contraste con las disciplinas del programa educativo anterior, que enseñaba teología, metafísica, filosofía natural, medicina y matemáticas. Aunque no existe una incompatibilidad entre estos dos currículos, ellos son independientes uno del otro.

La idea del individuo como un microcosmos que se hace a sí mismo entraña las nociones de la autosuficiencia y la universalidad de cada ser humano. La voluntad libre se puede dar estas condiciones por propia iniciativa. Si el hombre está dotado en principio para valerse de sus las posibilidades de ser y si elige cultivarlas realizará la plenitud de su vocación universal y la autonomía de quien se basta a sí mismo. Encontramos todavía esta ambición humanística tres siglos después del renacentista Pico Della Mirandola, entre los ideales de Goethe, y, aún más sorprendente, cincuenta años más tarde, las mismas ideas en la obra de Carlos Marx, que anuncia que en la sociedad comunista que seguirá a la dictadura del proletariado, los trabajadores podrán, después de aportar su trabajo a la sociedad, cultivar libremente sus más diversas potencialidades personales.

El humanismo representativo de esta idea del hombre pronto será objeto de crítica desde varios frentes diversos. Lo interesante de la amplia y duradera influencia de la inspiración humanística reside en que, aún donde algunos han abandonado el proyecto de la autogénesis universal del hombre, las instituciones educativas modernas conservaron las humanidades como materias de enseñanza. Justifican su variedad y carácter selecto porque sirven a la formación de personalidades autónomas, dueñas de sí y destinadas a realizar altos designios.

Las humanidades solían ser el programa educativo de ciertos sectores sociales a pesar de que ellas sobreviven a muchos cambios históricos. En los siglos XVII y XVIII formarán a los jóvenes, no ya para orientarse conforme a modelos admirables en un mundo nuevo, sino como incorporación a la sociedad burguesa en proceso de definición. Una educación en los clásicos greco-romanos, que requiere conocer lenguas muertas y obras de poetas y sabios antiguos, debido a que separa al burgués del vulgo, resulta indispensable para los hijos de las clases pudientes. De manera que la formación en las humanidades, además de los beneficios personales que otorga al individuo, se convertirá en señal inequívoca de cierta posición social y en la aparente justificación de que sean sus portadores quienes la ostentan.

La formación humanística representará en todas partes a la libertad desinteresada, esto es, no utilitarista; en particular allí donde sus beneficiarios no están demasiado urgidos a abandonar temprano los estudios para ganarse la vida. Se supone que tales estudios, combinados con determinadas circunstancias sociales, le ofrecen al estudiante un plazo prolongado para crecer y aprender, y para prestar atención a sus voces interiores que le revelarán quién es y lo que le cabe esperar de la vida. Estas y otras posibles funciones sociales que las humanidades pueden prestar, no debe impedir que se les reconozca su valor intrínseco: conocer a los clásicos de primera mano será, aparte de toda otra consideración, un golpe de suerte para quien tenga la oportunidad de lograrlo.

La modernidad hará sentir una cierta influencia contrapuesta al humanismo individualista a lo largo del siglo XVII. La conquista de la naturaleza por la ciencia de nuevo cuño propone cambiar el destino del género humano mediante la conducción científico-tecnológica de las energías naturales puestas al servicio de fines humanos. Lo que Bacon y Descartes llamaron “el reino del hombre en la tierra” es un proyecto colectivo destinado a transformarle la vida a la humanidad, no una empresa de cada cuál por sí mismo. La importancia suprema del individuo plenamente desarrollado comienza a ser desplazada por la espera de los beneficios que para todos ofrecen las nuevas ciencias y técnicas del mundo físico. La razón humana, de la que depende la investigación de la naturaleza, será puesta a prueba en su capacidad de conocer la verdad y gobernar al conjunto. Desde sus comienzos las ciencias de la naturaleza se ven como una revolución tanto del saber como del poder humano sobre sus circunstancias terrenales. Este vuelco científico, cultural y político no reconoce lo que le debe al pasado en materia de autoridades o saberes previos. La racionalidad moderna queda ligada, por su radicalismo, al mito del retorno al punto cero en el que el hombre carente de herencia, de predecesores, es capaz, sin embargo, de actuar fecundamente. Como si guardar tradiciones fuese incompatible con la permanente necesidad de innovar, la influencia modernista opera frecuentemente desde la convicción simplista de partir de la tabla rasa. Sin ver que desnudar a los hombres de toda herencia equivale a privarlos de todo, de costumbres, de lenguaje, de instituciones. Ser humano es, muy por el contrario, ser histórico-cultural y abierto al porvenir de parte en parte.

Entre nosotros latinoamericanos, cortos de historia y recuperados solo a medias del imperialismo europeo que inventó nuestras nacionalidades, el humanismo de origen renacentista y las humanidades, que forman parte aún de nuestros sistemas educativos, se conservan mezcladas con elementos de variada procedencia. Las que practicamos no repiten a sus modelos originales. Aquí ellas se han deshecho del cordón umbilical que las ligaba al clasicismo antiguo. El aprendizaje del latín y el griego nunca fueron considerados como requisitos para cursar la educación secundaria humanística ni para ejercer las profesiones de la enseñanza, de la creación literaria y artística, de la formación espiritual de los americanos educados aquí. Algunos rasgos del ideario humanístico europeo se conservan entre nosotros y nos importan decisivamente. Por ejemplo, la noción general del valor formativo de la imitación o la repetición de modelos. En vez de enseñar a escribir en la propia lengua mediante reglas, a hablar con claridad, a pensar críticamente, etc., enseñar lo mismo mediante modelos en los que se cumplen estas habilidades de manera sobresaliente. La educación que se vale de casos ejemplares se vale de un método formativo mucho más atractivo que la que recomienda conductas en abstracto. Los ejemplos vividos y contados suelen despertar la ambición de no ser menos que lo posible. Contar la vida y los actos, los empeños y las obras de Andrés Bello, o los logros de Violeta Parra, sería educar moralmente mediante ejemplos que invitan a imitar lo difícil.

El nacionalismo, en cuanto representa una postura defensiva frente a lo extranjero, milita en las filas de los que dividen a la humanidad en patrias exclusivas que hacen bien evitando la ‘contaminación’ de unas con otras. El humanismo es declaradamente universalista, abierto a todas las versiones de lo humano y enemigo de la parcialidad caprichosa con lo propio. Somos muchos y diferentes, pero reconocemos lo humano que atraviesa fronteras y límites. Y seguimos creciendo: ya ni siquiera soportamos la crueldad con los animales y el sufrimiento que les imponemos, un asunto que solía quedar más allá del humanismo, pero que ahora le pertenece. El objetivo es fundar una humanidad en la que circulan libremente el pensar y las obras de los mejores hombres que han existido en la historia, aparte de sus nacionalidades, de sus diferencias religiosas, políticas, lingüísticas, etc. Es una meta contraria a las divisiones y los intereses nacionalistas, racistas, sexistas, etc., aunque la alianza entre la ignorancia de la tradición y la cerrazón nacionalista sean difíciles de derrotar. No es que propongamos una beatería greco-romana para consumo local; estamos bastante lejos de los studia humanitatis de la Italia renacentista. Pero la idea central de estos estudios todavía puede servir para protegernos del trato que reciben los humanos y la humanidad toda de parte de algunas disciplinas que se dicen científicas en la actualidad.

 El estudio del ser humano como ser natural, esto es, como parte de una naturaleza que comparte con otras especies que la suya, es un estudio perfectamente legítimo mientras se mantiene dentro de los límites de su punto de vista. Cuando se extralimita y pretende cubrir aquellos sectores de la vida y la actividad humanas que no caen dentro del campo de su competencia, la ciencia ha dejado de ser lo que pretende, para dar lugar a la charlatanería y la propaganda ideológica. Ni la antropología, ni la biología, ni la psicología naturalista, ni otras disciplinas que comparten el punto de vista antropológico que se ocupa del ser humano como objeto o cosa, pueden conocer las dimensiones histórico-culturales que están en juego allí donde lo que importa es el pensamiento, la educación, la moralidad, la convivencia política, el lenguaje, las artes, en suma, el patrimonio espiritual de una humanidad que tiene futuro debido a que no ha perdido el contacto con la tradición específica que lo separa de la naturaleza y de la cruda animalidad sin historia.

*Carla Cordua Sommer es una filósofa chilena, autora de una veintena de libros y miembro de la Academia Chilena de la Lengua. Obtuvo el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en 2011.

El arte es una paradoja viva

Autor: Rodrigo Zúñiga
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El arte es cosa pública, pero no a todos interesa. El arte sale a nuestro encuentro, pero no siempre tiene con quién encontrarse. El arte está ahí para cualquiera, pero cada cual lo vive o experimenta de un modo singular. El arte nos abre al sentido (del mundo, de las cosas, de nosotros mismos), pero una obra nunca se reserva, tampoco, un único sentido –en ella cohabitan diversos sentidos, no necesariamente coincidentes.

El arte es una apertura al mundo, pero esa apertura no es reducible a lo dado de antemano, a lo ya conocido. La obra abandona el mundo por un momento, lo pone entre paréntesis. Promoverá otras configuraciones sensibles, otras significaciones, y sólo por esta razón, habrá en cualquier obra, siempre, algo de soledad, algo de inaudito. Soledad y desasimiento: la obra viene hacia nosotros alejándose, porque suspende lo conocido y nos obliga a tantear un acercamiento, a dar algunos pasos con delicadeza. Parece un cuerpo vibrante. Exige reciprocidad, compromiso sensorial, emotivo e intelectual (todo al mismo tiempo), y en ese trance, muchas veces, nos desorientamos y nos sentimos extraviados: decimos no entender una obra. No podría ser de otra manera. El arte es (también) una experiencia del extravío y la orfandad. Experimentar, aún sea brevemente, ese extravío, será un precio menor, pero inevitable, por hacerse de esa pequeña vibración que no existe sino con la obra misma, con su acontecimiento.

Y podríamos continuar, claro.

El arte es cosa pública, pero está hecho de pequeñas soledades. El arte es para todos, pero compromete lenguajes particulares. Toda obra es para todos y para cualquiera (¿cómo podría no ser así?), pero ninguna obra, ni una sola, será para todos y para cualquiera efectivamente. De esta clase de paradojas participa el arte. No es extraño: el arte es una paradoja viva.

Ahora bien, ¿Se puede vivir sin arte? Desde luego.

¿Puede un país decidir no fomentar las artes? De ninguna manera.

Nunca será sencillo defender las artes, nunca lo ha sido. No lo fue para la antigüedad clásica ni lo es tampoco para nuestra época de tecnologías digitales e innovaciones asombrosas. El arte siempre resultó algo anómalo, singular, divergente. Sin embargo, si somos capaces de reconocer en el arte una paradoja viva, es porque gracias a él entramos en relación con algo que nos habita, nos interpela y nos compromete en lo más profundo. Quizá sea imposible saber qué sea eso, exactamente -la palabra humanidades nos acerca a ese misterio-, pero sí sabemos que no podemos obviar su llamado. En los peores momentos de la historia, cuando la barbarie se imponía sin contrapeso en el mundo, siempre hubo un poeta, un escritor, un músico, un pintor, que acudió -en nombre suyo y de todos nosotros- a mantener viva la llama de esa vocación enigmática.

El peor espejismo, la ilusión más peligrosa, alegará siempre que las artes exigen dotaciones y talentos naturales que no todos tienen, o que su aporte real a la productividad de un país resulta considerablemente menor a la de otros ámbitos, o que se trata de un pasatiempo inocuo que es necesario recluir al tiempo libre y la esfera doméstica. Pero en las artes está en juego lo esencial: el humano que hace frente a sus paradojas, a sus límites, a sus inquietudes, a sus anhelos e imaginaciones, en una época y un contexto determinados. En las artes, en todas las artes (conservadoras o rupturistas, agradables o crípticas, hermosas o abyectas) se fraguan imaginarios, formas estéticas y simbólicas, racionalidades, emociones, fantasías, discursos y tecnologías que nos ayudan a reconocer y a encarar nuestros temores y nuestras esperanzas. No podemos darnos el lujo de minimizar su aporte a la formación de ciudadanías, y mucho menos en una era que, con sus procesos globales de conectividad audiovisual, amenaza con crear formas inéditas de analfabetismo: individuos ensimismados, incapaces de relacionarse críticamente con sus imágenes y sus nuevas maneras de significar, con sus entornos altamente tecnologizados y, lo que es peor, con sus propios pares.

La pregunta por el sentido de las artes, las humanidades y las ciencias sociales constituye, por sí misma, un llamado de atención. Es una pregunta que no debiéramos siquiera formularnos como sociedad; pero puestos en esta disyuntiva, tenemos la obligación de responderla. Tendremos siempre el recurso de apelar a las competencias blandas, a los procesos cognitivos que están en juego, exclusivamente, en la educación artística. Con todo, hay muchos otros aspectos que debemos realzar y que nuestra sociedad necesita tener presente con urgencia. Una ciudadanía sin acceso a su patrimonio, a sus museos, a su historia, a sus voces, a sus sonidos, a sus imágenes, ha sido obligada a relegar una parte importante de sí misma en las regalías de unos pocos. Las artes son cosa pública, aunque a pocos les interese, porque  en ellas todos somos convocados democráticamente. Y nadie puede estar ajeno a aquello que lo interpela en lo más profundo.

* Rodrigo Zúñiga es Filósofo, coordinador del Doctorado en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte y miembro del Observatorio de Políticas Culturales, Facultad de Artes, Universidad de Chile.                   

 

 

Ciencia para el desarrollo de Chile ¡Volver por las humanidades!

Autor: Jorge Babul

Generalmente se muestra a la ciencia, tecnología e innovación como una suerte de “fórmula mágica” para el desarrollo. Existe una presión general (empresas y universidades) por expandir la ciencia, la tecnología, ingeniería y matemáticas en desmedro de las humanidades y las artes, tal como se explica Fareed Zakaria en “Why America’s obsession with STEM education is dangerous”. Pareciera un lujo el incursionar en profesiones como el arte y la historia; algunos quieren ir más allá y disminuir el financiamiento a estas carreras. Argumentan: ¿Es de vital interés tener más antropólogos? Pareciera que la educación liberal es irrelevante y que el entrenamiento técnico es el nuevo paso hacia el futuro. Se piensa que es la única manera de sobrevivir en este tiempo definido por la tecnología y conformado por la competitividad global.

El desentenderse del aprendizaje amplio nos puede conducir a un futuro que no queremos. El dinamismo económico, la innovación y el emprendimiento parecen estar basados en el tipo de enseñanza que no se quiere favorecer. Una educación amplia y general promueve el pensamiento crítico y la creatividad. La exposición a una amplia gama de campos produce sinergia e intercambio profundo de experiencias e ideas. Existe acuerdo en que la ciencia y tecnología son componentes cruciales de nuestra educación, pero también lo es el castellano y la filosofía. Según Steve Job “está en el ADN de Apple que la tecnología por sí misma no es suficiente; debe ir unida a las artes liberales, a las humanidades, que es lo que hace que nuestros corazones canten”.

La innovación no es solamente un asunto técnico, sino uno de comprender cómo la gente y las sociedades funcionan, lo que necesitan y quieren. No se trata solamente de construir computadores más baratos, sino de reimaginar constantemente cómo los computadores y otras nuevas tecnologías interactúan con los seres humanos.

La economía cambia de manera tal que la naturaleza del trabajo que se requiere para el éxito cambia de generación en generación. No es conveniente encerrarse en una profesión o ser competente en algo de por vida. Quizás estaba bien en otras épocas, pero no ahora.

En países más desarrollados, como los EE UU, los resultados en los test internacionales no son muy buenos, sin embargo lideran en ciencia, tecnología, investigación e innovación. Sus economías son flexibles, el trabajo está basado en el mérito, funcionan con energía y dinamismo, están abiertos a las ideas, bienes y servicios del mundo. Adicionalmente, tienen confianza en sí mismos. Aun cuando se ubican en lugares cercanos al 30 (Ocde) están al tope en cuanto a creer en sus habilidades matemáticas. Parecieran ser mucho mejores en enseñar la confianza en sí mismos que en enseñar las matemáticas. Suena raro, pero de veras hay algo poderoso en esta valiente confianza en sí mismos. Les permite desafiar a sus mayores, crear compañías, persistir cuando otros piensan que están equivocados y levantarse cuando fallan. Por cierto que mucha confianza es peligroso, pero esta tendencia es esencial para el emprendimiento.

Las habilidades técnicas son uno de los componentes que se necesitan para la innovación y el éxito económico, pero el poseer una fuerza de trabajo de menor entrenamiento técnico se sobrepone con otras ventajas como creatividad, pensamiento crítico y un devenir optimista.

Si la educación está orientada al éxito en los test y memorización, puede ser ventajoso, pero no conduce al pensamiento, la solución de problemas o la creatividad. A esto debe agregarse las características de una educación liberal: muchos pintores aprenden divirtiéndose, muchos trabajos (arte y literatura) son el producto de la entretención. Así, los emprendedores también necesitan divertirse.

Sin importar cuán bueno se es en las habilidades matemáticas y científicas, se necesita saber cómo aprender, pensar y escribir. Para escribir un ensayo de varias páginas se debe tener un pensamiento claro.

Algunas compañías prefieren que la experiencia de los que contratan sea fuerte en lo básico a que tengan habilidades muy específicas. Muchas veces los contratan por ser ingeniosos y apasionados, aunque no tengan exactamente las habilidades que la compañía necesita.

El valor agregado está en la marca, cómo se imagina, presenta, vende y sostiene. Todo esto requiere de habilidades que van más allá del ofrecimiento del angosto currículo basado en la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

El gran desafío es la integración del conocimiento que hemos adquirido hasta ahora: ciencias naturales y exactas, ciencias sociales y de la comunicación, humanidades y artes. Si logramos realizar un cambio en nuestra educación toda, en este sentido, tendremos los científicos y profesionales creativos que necesitamos para nuestro desarrollo y bienestar de nuestra gente.

Esta columna fue publicada originalmente en El Quinto Poder

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  1. VI Jornadas Internacionales de Historia de las Mentalidades y la Cultura

    Noviembre 7 @ 8:00 am - Noviembre 9 @ 5:00 pm