Comentarios sobre las condiciones de las Ciencias Sociales latinoamericanas y la importancia de sus aportes

Autor:

Marcelo Arnold

Áreas de estudio:

Ciencias Sociales

Mi experiencia como Presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología (2013- 2015) y Decano de la Facultad de Ciencias Sociales (2006 – 2014) me permitió valorar la riqueza y variedad de las expresiones de las ciencias sociales regionales y locales, pero también apreciar sus debilidades y desafíos. Esa posición, además, me entregó el convencimiento que nuestras producciones deben mantener su tradicional perspectiva reflexiva crítica y no abandonar ese sello, pero a la vez deben apoyarse en recursos acordes con el mejor nivel de nuestros estándares disciplinarios.

Tomando en cuenta lo anterior, y enfrentados a anuncios respecto a la instalación de una nueva institucionalidad para el desarrollo las ciencias, mi motivación es alentar a posicionar nuestras producciones en el contexto global, aumentar su protagonismo, niveles e impacto y reducir su dependencia, especialmente cuando no hay limitaciones intrínsecas o inalterables que lo impidan.

La importancia o el sentido público de las ciencias sociales es contundente. La necesidad de robustecer estas disciplinas vale tanto si se las conciben como medios de ilustración, para la solución de problemas o de emancipación. Respecto a esto último, incluso quienes desconfían de las instituciones y promueven cambios sociales radicales o re-plantean nuevas utopías movilizadoras, no pueden conformarse con producir discursos sobre la sociedad y sus procesos con la pura intuición o el voluntarismo.

La ausencia de buenas ciencias sociales resienten a la sociedad. Sin la contención de conocimientos fundamentados científicamente a los ciudadanos solo les queda ser abastecidos de información sobre sus propias condiciones de vida de los peores modos. La banalización y el dogmatismo siempre están prontos para cubrir los vacíos de conocimientos. Es así como la publicidad y las consignas han ganado terreno en la conformación de una imagen de sociedad. Esa ruta no es promisoria. Con ella se refuerza el simplismo de opinantes y comentaristas que exponen sus particulares y livianas creencias a públicos que sólo buscan confirmar las propias, o que persiguen enfrentar su tedio con el escándalo y el sensacionalismo (eso sin considerar que apuntalan una pereza que evita el estudio, la lógica y la evidencia como fuente del conocimiento).

Las posibilidades para el desarrollo de las ciencias sociales locales son auspiciosas. Los acelerados cambios y las recurrentes crisis e incertidumbres, de todos los tipos, que se notifican a través de los medios de comunicación para las masas han incrementado la necesidad de explicaciones y tecnologías que contribuyan a la convivencia social y al mejoramiento de nuestras calidades de vida. El problema es que esas expectativas se decepcionan cuando los aportes carecen de fundamentos sólidos. Tampoco resulta muy favorable que los decisores solo dispongan de las visiones económicas de los fenómenos sociales, o las del modelamiento matemático o de las neurociencias. Estos enfoques son promisorios y parecen no tener contrapesos, pero son limitados.

La producción de buen conocimiento sobre la sociedad y sus problemas requiere sortear obstáculos. Se hace cada vez más arduo tratar de describir las interrelaciones sociales y más todavía explicarlas, pronosticar e incluso indicar tendencias de corto plazo. La complejidad social es apabullante, pero a ello no debe agregarse el desánimo o la pasividad. A propósito de lo último, llama la atención que nuestros acervos disciplinarios, es decir aquellas materias que se enseñan a los estudiantes o que se referencian en las publicaciones provienen, casi exclusivamente, en centros localizados en los países occidentales desarrollados. Sin que asombre se espera de autores foráneos la inspiración, o los recursos, para estudiar e interpretar nuestras realidades, incluso para abastecerse con pensamiento crítico o de nuevos enfoques latinoamericanistas. Esta situación choca con lo deseable dando cuenta de un limitante auto-colonialismo disciplinario que, en parte importante, es consecuencia de nuestras propias actitudes.

Las actuales formas de las actividades científicas ofrecen buenas oportunidades para que participemos más decididamente en las producciones de punta en ciencias sociales. En nuestro medio se encuentran algunos desarrollos sustantivos en trabajos de Fernando Robles, Aldo Mascareño o de Daniel Chernilo, entre otros.

Contribuiría a robustecer nuestras disciplinas colocar nuestro foco en observar las producciones regionales más reconocidas. Por ejemplo, estudiar las características de aportes como la modernización asincrónica de Germani, la teoría de la dependencia de Cardoso y Faletto, la evolucionista de Ribeiro, a los cuales podrían agregarse las producciones de Ernesto Laclau, Paulo Freire, Theotonio Dos Santos, Pablo González Casanova, Antonio Cattani, Aníbal Quijano, José Mauricio Domínguez, de las investigadoras feministas y de muchos otros y otras investigadores(as) latinoamericanos(as). Salta a la vista que en estos aportes de excelencia, que a primera vista contravienen las tendencias, se vinculan análisis de procesos sociales locales con equivalentes de alcance global y no se desestima incorporar críticamente conceptualizaciones o metodologías de carácter universalista. De esta manera se favorecen explicaciones que se conectan e impactan ante públicos más extensos y especializados. Una buena alternativa es fomentar estudios con formatos equivalentes. Es decir, que traten los temas-problemas que se despliegan en el mundo contemporáneo. Por ejemplo, las nuevas y crecientes desigualdades y exclusiones sociales; la devastación de los recursos medioambientales y el calentamiento global; el repliegue de los estados, la desprotección y el individualismo; los impactos de los cambios sociodemográficos; las modificaciones de las pautas afectivas, sexuales y de género; la transformación de la impaciencia ciudadana en indignación, protestas y otras expresiones equivalentes. Sin duda esos temas se abordan con frecuencia, pero al descuidar en sus análisis las vinculaciones globales sus ofertas son demasiado particularistas.

Las ciencias sociales locales podrían hacer importantes aportes que, incluso, pueden anticipar tendencias globales. Se puede contribuir con mucha evidencia sobre, por ejemplo, los conflictos, desigualdades y precariedades sociales y su tratamiento -temas que bien van conociendo y experimentando muchos europeos, chinos y estadounidenses. También sobre los efectos sociales que se relacionan con rápidos e inequitativos crecimientos económicos, que han dado lugar al creciente protagonismo político de los sectores medios emergentes, sobre las vulnerabilidades de la variante neoliberal del capitalismo contemporáneo, o de cómo las aspiraciones de los individuos y sus familias se procesan con mejores posiciones de consumo dando lugar a vidas cotidianas que se desenvuelven, sin respiro, bajo un futuro pleno de incertidumbres.

Ciertamente, el fortalecimiento y posicionamiento de las ciencias sociales acorde con sus posibilidades, no sucede como un proceso natural, del cual el tiempo se hace cargo. Los efectos de una actitud pasiva son similares a lo que ocurre en una escalera mecánica: a nivel global todos avanzan, pero las distancias se acrecientan, cuando no, algunos ya están en los otros pisos (en ese sentido conviene observar el reciente desarrollo de las ciencias sociales brasileñas, a pesar de que, en comparación, sus universidades son de reciente fundación). Tampoco es un bien síntoma caer en una moda posmodernista de diluir la especificidad de las ciencias sociales en saberes de otros tipos.

Nuestra apuesta es subrayar la formación en ciencias sociales locales alentando tanto su versión crítica como su rigurosidad y especificidad. Estas condiciones son requisitos para que sean tomadas en cuenta. Afortunadamente, disponemos de los recursos reflexivos, tanto en nuestra centenaria universidad pública como en los nuevos centros académicos donde trabajan nuestros egresados. Desde allí se pueden producir aportes que tengan una profunda significación, no solamente para la requerida (auto) comprensión de la sociedad, sino también para bosquejar ofertas sobre el futuro que queremos para la convivencia humana. Lo anterior pasa también por moderar razonablemente las expectativas frente al valor de conocimientos, cada vez más provisorios, y lo mismo respecto a los beneficios esperables de sus aplicaciones. Pero con todo, las restricciones de las prestaciones científicas son mejores que los “palos de ciego”.

En síntesis, independientemente de las estrategias que se adopten, es deseable fomentar y reforzar la integración de nuestras producciones con las discusiones y debates globales. Vale la pena explorar las ofertas disponibles y remontar nuestros actuales déficits. Nada conviene menos que la cómoda crítica de pasillo o de café, que conlleva al sometimiento a patrones de producción de las ciencias sociales, sin intervenir en ellos.

Bueno, los desafíos están expuestos podemos empezar a sacudirnos o proseguir en nuestra pasiva espera.

* Prof. Dr. Marcelo Arnold-Cathalifaud. Profesor Titular. Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales. Email: marnold@uchile.cl

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