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El fin de un largo camino para los inhabilitados por Conicyt

Autor:

Por Daniel Soto G.

A fines del pasado mes de enero se aprobó sin modificaciones en el Congreso la “Ley que regulariza beneficios de estudiantes, sostenedores y trabajadores de la educación”, la cual dentro de sus artículos contiene el tan anhelado fin a las sanciones impuestas por Conicyt (Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica) a ex becarios que terminaron sus grados de forma tardía.

La aprobación de esta ley es el resultado de una lucha de más de dos años de un grupo de ex becarios de Conicyt – quienes, tras descubrir que a pesar de haber finalizado sus programas, estaban siendo inhabilitados para postular a concursos públicos y en casos extremos sentenciados a restituir la totalidad de los fondos de sus becas de postgrado – tomaron la decisión de organizarse para intentar solucionar lo que ellos consideraban un tema que afectaba a toda la comunidad científica nacional.

Fue así como nació el grupo “Inhabilitados por Conicyt”, quienes tras muchas reuniones, cartas y movilizaciones en todo este tiempo, finalmente ven resultados y una solución al conflicto, que permitirá que más de un millar de afectados puedan liberarse de las sanciones que les habían sido impuestas.

Julio Aguilar, uno de los tantos inhabilitados y quien junto a otros becarios ha estado a la cabeza de esta organización, a inicios del 2013 había obtenido y acreditado su Magíster en Historia, mención Etnohistoria y posteriormente había postulado a la Beca Chile para estudiar un doctorado en el extranjero, fue justo en ese proceso y mientras esperaba los resultados que se enteró que le estaban exigiendo la devolución de los fondos y de las sanciones.

¿Cómo te enteraste de estas sanciones que impuso Conicyt a algunos becarios que terminaron sus grados de forma tardía?

“Conocía información de mediados del 2013, que habían becarios siendo inhabilitados por incumplimiento con las bases. Sin embargo, personalmente tuve conocimiento cuando en Conicyt me entregaron, en diciembre de 2013, una resolución de incumplimiento y restitución total de fondos, por haber obtenido tarde mi magíster. Me sentí desconcertado. En primer lugar, porque entendía que el objetivo final de la beca había sido conseguido: obtuve el magíster con buena calificación y entregué el grado a la institución. De hecho, mi tesis había sido subida en mayo de ese año a la plataforma web de Conicyt, donde se difunden “resultados de investigación”. En segundo lugar, por la desproporcionalidad de la medida: si bien me había atrasado en obtener el grado, aún me parece excesivo el castigo. Por una parte, era un castigo administrativo importante: Conicyt es la única institución que financia becas de postgrado en Chile y es la oportunidad más concreta para estudiar en el extranjero. Desde ese punto de vista, la inhabilitación era el fin de una carrera académica. Por otro lado, era un castigo económico. En efecto, la resolución me exigía retornar el total (ni siquiera una parte, o una multa) de los estudios: manutención, matrícula, aranceles, etc. El cálculo de los montos nunca fue entregado por Conicyt, pero calculaba que debía retornar por un Magíster Nacional más de 10 millones de pesos. Además, precisamente en ese año Conicyt había entablado un contrato con una empresa de cobranza para efectuar los cobros, no solamente a los becarios, sino que a los investigadores de otros programas”.

¿Cómo afectó en tu vida personal y académica toda esta situación?

“Mucho. No pude hacer efectiva dos becas de doctorado legítimamente adjudicadas. Perdí tres años en mis planes académicos y familiares”.

A raíz de las sanciones nace el grupo “Inhabilitados por Conicyt” ¿De qué manera se organizaron y movilizaron con los becarios afectados para tratar de revertir estas sanciones?

“Había un grupo de estudiantes tratándose de organizar previamente, e hicieron un grupo de Facebook. Además de contactarnos entre nosotros, algunos acudimos a la FECH y ANIP, ambas organizaciones claves en toda esta historia. Organizamos y participamos en reuniones periódicas para afinar el diagnóstico de lo que sucedía y qué podíamos hacer. Tuvimos reuniones con Conicyt, aunque inmediatamente no fuimos recibidos por la institución. Tuvimos apoyo irrestricto desde nuestros programas, en mi caso debo destacar el apoyo de mi Profesor Guía Dr. Jorge Hidalgo y de la Decana de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, María Eugenia Góngora”.

¿Qué medidas y acciones en concreto realizaron?

“Realizamos varios hitos: protesta en la inauguración del nuevo edificio de Conicyt, carta del CRUCH a Conicyt, Carta a la Presidenta de la República (adheridas por más de 1.500 firmas de investigadores y estudiantes nacionales y extranjeros), carta y columnas en los medios (Ciper, El Mercurio, Radio Universidad de Chile, etc.), solicitamos información vía Ley de Transparencia, acudimos al Instituto Nacional de Derechos Humanos, Parlamento, redes sociales, etc. Todo fue posible gracias a la organización de estudiantes e investigadores de múltiples universidades.

¿Qué conclusiones puedes sacar luego de este largo proceso que tuvieron que vivir hasta que lograron tener una solución al problema?, en este sentido, ¿qué recomendaciones le darías a futuros becarios?, ¿cuál es tu opinión de Conicyt?

“Varias cosas. La primera es la importancia de la organización en nivel de postgrado. La segunda es la necesidad de que Conicyt, o el organismo público que sea (Ministerio) debe tender puentes con las universidades. En particular debe entender cómo funcionan los programas de postgrado, en el caso de becas. Esto porque en general, he visto distancia entre la institución y las universidades y sus académicos. Sin poner en duda la fe pública por ningún momento, dada la inversión pública que significan los programas de Conicyt, debe haber una racionalización en la construcción de las normativas que rigen los programas. No es que no debe haber sistemas de control, o solo primar criterios académicos, sino que debe haber racionalización. Toda esta historia de becarios castigados aunque cumplieron con sus grados es un testimonio de una burocracia que se desentiende de la política y lo humano.  Pese a todo, creo que Conicyt es una institución que se debe cuidar. Creo que deben existir políticas estatales para el fomento de la ciencia y tecnología, eso sí, entendiendo las múltiples dimensiones de lo que el desarrollo implica. Y creo que no se puede marginar al postgrado en el debate sobre la democratización de la educación”.

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(Arriba: movilización afuera de Conicyt – Abajo: Leonello Bazurro y Julio Aguilar junto a otros afectados)

La unión hizo la fuerza

Por su parte, Leonello Bazurro, otro de los inhabilitados, estudiante de Magíster en Filosofía, mención Filosofía Política, también en la Universidad de Chile y quién además asumió el rol de vocero de la agrupación durante el tiempo que estuvieron movilizados, manifiesta su conformidad con la solución al conflicto, destacando que agrupándose y haciendo presión fue la única forma que permitió que fueran escuchados. “La única vía de solución que aprendimos, que también fue difícil de conseguir, consistió en sumar fuerzas y reivindicarnos como los “Inhabilitados por Conicyt”, hacernos cargo del estigma, puesto que era la única manera para ser oídos y lograr llegar hasta las mesas de discusiones y a los medios de comunicación, que es donde, lamentablemente, se juega actualmente la política”. En este sentido y luego de estos más de 2 años (y casi 3 a nivel personal) que transcurrieron desde que se inició el conflicto con Conicyt, el ex becario reflexiona y señala que se pudo dar cuenta de las dificultades y problemas que implican ser estudiante en nuestro país. “Me mostraron lo frágil de la condición de estudiantes e investigadores que prevalece en Chile, y el alto grado de indefensión en el cuál estamos a nivel individual”, indica.

Pese a que se llegó una solución al conflicto, Bazurro hace una crítica de lo confusa y evanescente que es la ley, que antes los etiquetaba como “inhabilitados” o ex becarios en “incumplimiento”, que incluía las penas académicas y económicas antes señaladas, y ahora, es la misma ley y la misma institución, quien los llama “ex becarios que cumplieron fuera de plazo”. “De incumplir por terminar el postgrado fuera de plazo, ahora “cumplimos” pero con retraso. Si bien el cambio nos benefició, es evidente que detrás de todo este juego lingüístico lo que gobierna es la voluntad y la política de unos pocos que gobiernan a la mayoría, y por tanto, es fundamental que los protagonistas de la investigación en todas las áreas (humanidades, ciencias y arte) tengan espacios y posibilidades reales para incidir en la toma de decisiones y para poder generar verdaderos avances para el país”, concluye el vocero de los “Inhabilitados por Conicyt”.

El aporte de la FECH y ANIP

La Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) y la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (ANIP), han jugado un rol clave en la solución del conflicto y fueron participes de las gestiones y conversaciones que permitieron llegar a la ley. En este sentido Karla Henríquez, Secretaria General de la ANIP, destaca el largo camino que tuvieron que recorrer para finalmente poder llegar a una solución para los afectados y el aporte que pudieron hacer como representantes de los investigadores de postgrado. “Desde el 2013 la directiva anterior de ANIP junto a otras organizaciones vinculadas a los profesionales de postgrado, mantuvieron constantes conversaciones con la plana ejecutiva de Conicyt. Nosotros aportamos con distintos casos que nos llegaban de científicos en situación de inhabilitación y participamos activamente de mesas de trabajo para traspasar todas las inquietudes, también nos preocupamos de mantener el tema activo dentro de nuestro rol como integrantes del Consejo de la sociedad Civil de Conicyt”, señala.

Pero pese a la alegría por esta esperada resolución que beneficia a más de mil ex becarios, la secretaria general de la ANIP es enfática en señalar que aún quedan muchas cosas pendientes por resolver. “La ley 20.905​ es un gran avance porque le entrega solución a más de mil científicos que por diversos motivos fueron impedidos de postular a fondos públicos para seguir con su carrera profesional. Si bien este avance es satisfactorio, no resuelve totalmente el problema de los inhabilitados y esto es muy importante dejarlo en claro porque se ha instalado la creencia de que todo el problema fue resuelto con esta ley”, indica, refiriéndose a otros problemas particulares que han tenido algunos becarios y que necesitan ser resueltos por Conicyt.

El respaldo de los académicos

Para María Eugenia Góngora, Decana de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, casa de estudio donde junto a otros “inhabilitados” realizaron su magíster Julio Aguilar y Leonello Bazurro, la solución al conflicto significa una “gran alegría y alivio”, ya que su facultad ha seguido y respaldado a los sancionados desde el inicio del conflicto y por eso destaca la forma en que se organizaron y movilizaron los becarios para conseguir una solución, pese a la incertidumbre y la angustia que les tocó vivir con el caso. “Que hayan salido victoriosos, triunfantes en la adversidad, me parece admirable y muestra una capacidad de organización que es lo que a mí más me ha impresionado. No solamente lo lamentaron, no solamente fueron víctimas de una serie de errores administrativos, sino que supieron mostrar una gran capacidad de organización, de seguir discutiendo, de ir a las instancias necesarias y en ese sentido yo los encuentro admirables, porque uno podría en una circunstancia como esa, simplemente quejarse, declararse víctima y esperar que alguien lo ayude sin hacer mucho más y simplemente ir a escuchar que les digan que no y en este caso yo fui testigo de muchas de esas negativas”, señala la decana.

María Eugenia Góngora  Leonello Bazurro

(Izquierda: María Eugenia Góngora – Derecha: Leonello Bazurro)

En este sentido la académica indica que puede entender las acciones de Conicyt, ya que eran respaldadas por la ley y seguían los dictámenes de la contraloría, pero critica la forma de actuar de la administración de entonces de la entidad y de cómo, en qué circunstancias y de qué manera hicieron cumplir el deber de la contraloría. “La administración de Conicyt a mi parecer no estuvo a la altura, sobre todo en un primer momento, porque se les entregó un permiso para retrasar la entrega y eso contravenía el convenio que habían firmado. Yo creo que ha habido una serie de malentendidos, pero que tuvieron unas consecuencias muy serias y muy negativas para la carrera de estos estudiantes becados, quienes no pudieron seguir con su carrera académica”.

Respecto a las políticas de Conicyt y su sistema de cobranza judicial, que afectó a los estudiantes que fueron sancionados por entregar sus grados de forma tardía y obligados a restituir el dinero de sus becas, la decana es enfática en responsabilizar a la misma institución que había autorizado este retraso. “Tendrían que haber asumido eso y no fue asumido por las autoridades, ni de ese momento ni posteriores y de alguna manera dejaron que este proceso siguiera su curso llegando a momentos súper angustiosos, súper aflictivos con esta cobranza, que además se le entregó a una empresa que hace las cobranzas de tiendas de retail, algo que es absolutamente insólito en el mundo académico”.

Para María Eugenia Góngora finalmente toda esta situación se debe principalmente a una serie de equivocaciones de las personas que estuvieron a cargo de este proceso en Conicyt y de las políticas de la institución que generaron todo este conflicto, las cuales a su entender deben ser revisadas y cambiadas para evitar a que se repita la situación que vivieron este grupo de ex becarios. “Es una suma de errores de interpretación, de buena voluntad a lo mejor mal entendida, pero que en definitiva causó a mi modo de ver, un desastre para estas personas y también desde el punto de vista de la imagen de cómo estamos funcionando en este país. Es decir estamos hablando de instituciones del Estado que todas tienen sus razones: la contraloría tiene su razón, Conicyt tiene su razón, mientras que las personas que deberían estar siendo beneficiadas por una beca que implica una mejor formación y un aseguramiento de la calidad de esta formación gracias a las becas, han sido dañadas y en este sentido a mí parecer ha habido una serie de problemas de gestión que evidentemente necesitan una reparación rápida”.

“Pese a la solución restan muchos temas por regularizar”

Si bien la ley ya fue aprobada y cuando entre en vigencia significará la esperada solución para todos los ex becarios afectados, muchos aún se encuentran a la espera de que Conicyt regularice las situaciones particulares y levante finalmente “esta sanción de muerte académica con que la institucionalidad buscaba castigarnos”, señala Leonello Bazurro, quien agrega que “restan muchos temas a regularizar: los postdoctorados, Becas Chile, la lógica forzosa de la retribución, la reinserción de los doctorados que vienen del extranjero y, lo que todos parecen olvidar, la exigencia (vigente) de un pagaré en blanco al obtener la beca que permite, ante cualquier acción que Conicyt considere incumplimiento, la restitución de cifras siderales de dinero a los ex becarios de modo inmediato y en un sola cuota. Eso no ha cambiado, ni hay ninguna mención de mejorarlo”.

En esta línea un grupo de investigadores afectados por retrasos de hasta 5 meses en los pagos de fondos adjudicados Fondecyt, se reunieron el pasado 15 de marzo a las afueras de Conicyt para manifestarse pacíficamente en contra de la serie de irregularidades que han sufrido con respecto a dichos fondos.

Según informó ANIP a través de un comunicado, el grupo de afectados está compuesto mayoritariamente por investigadores que recientemente se han adjudicado  proyectos Fondecyt de postdoctorado y en menor medida proyectos Fondecyt de Iniciación y otros concursos, a quienes desde noviembre pasado y hasta la fecha no se les ha depositado el dinero correspondiente a los gastos operacionales de sus proyectos ni el dinero correspondiente a sus sueldos, muchas veces la única fuente de ingresos en el caso de los investigadores postdoctorales. A pesar de esto, se mantiene la obligación de los investigadores a seguir desempeñando las responsabilidades que adquirieron a la hora de firmar sus convenios actuales, bajo la incertidumbre de que el plazo máximo para hacer efectiva la adjudicación de los fondos es el día 30 del presente mes, luego de lo cual los fondos serían reasignados.

En la instancia, representantes de la ANIP y de los investigadores afectados, entregaron una carta dirigida a Christian Nicolai, Director Ejecutivo de CONICYT y luego se reunieron con los directivos de la entidad para exponer sus inquietudes y solicitar, entre otros puntos, una extensión de los plazos para el cierre de sus becas. Tras la reunión y según información publicada en su sitio web, desde Conicyt reconocen que los retrasos se han producido por problemas de gestión, pero señalan que también por la no entrega oportuna de documentación de los interesados y anunciaron que antes de fin de mes esperan tener la mayor cantidad de casos cerrados y resolver los problemas de los becarios afectados.

A pesar de que los problemas están viendo soluciones y cuando entre en vigencia la ley, los cientos de jóvenes investigadores que se encontraban “inhabilitados” o en “incumplimiento”, podrán nuevamente postular y eventualmente acceder a otros beneficios entregados por Conicyt a través de sus distintos programas, lo primordial es que no se vuelvan a repetir hechos como estos, los que muchas veces son el resultado de la propia inoperancia, malas gestiones y burocracia del sistema.

Es de esperar que con la reciente designación del astrónomo Mario Hamuy, Premio Nacional de Ciencias Exactas 2015, como el nuevo presidente de Conicyt, llegue un nuevo aire que logre fortalecer la institución, permita regularizar definitivamente los temas pendientes y lo más importante, que los investigadores y la institucionalidad puedan trabajar en conjunto, para que muchos más becarios puedan acceder a una formación de excelencia, tanto en nuestro país como en el extranjero y seguir aportando, activamente, al desarrollo de la ciencia y tecnología del país.

Notas al pie:
[Imagen principal]. Recuperado de http://www.eldesconcierto.cl
[Imagen de María Eugenia Góngora]. Recuperado de http://www.ugm.cl

Ciencia para el desarrollo de Chile ¡Volver por las humanidades!

Autor: Jorge Babul

Generalmente se muestra a la ciencia, tecnología e innovación como una suerte de “fórmula mágica” para el desarrollo. Existe una presión general (empresas y universidades) por expandir la ciencia, la tecnología, ingeniería y matemáticas en desmedro de las humanidades y las artes, tal como se explica Fareed Zakaria en “Why America’s obsession with STEM education is dangerous”. Pareciera un lujo el incursionar en profesiones como el arte y la historia; algunos quieren ir más allá y disminuir el financiamiento a estas carreras. Argumentan: ¿Es de vital interés tener más antropólogos? Pareciera que la educación liberal es irrelevante y que el entrenamiento técnico es el nuevo paso hacia el futuro. Se piensa que es la única manera de sobrevivir en este tiempo definido por la tecnología y conformado por la competitividad global.

El desentenderse del aprendizaje amplio nos puede conducir a un futuro que no queremos. El dinamismo económico, la innovación y el emprendimiento parecen estar basados en el tipo de enseñanza que no se quiere favorecer. Una educación amplia y general promueve el pensamiento crítico y la creatividad. La exposición a una amplia gama de campos produce sinergia e intercambio profundo de experiencias e ideas. Existe acuerdo en que la ciencia y tecnología son componentes cruciales de nuestra educación, pero también lo es el castellano y la filosofía. Según Steve Job “está en el ADN de Apple que la tecnología por sí misma no es suficiente; debe ir unida a las artes liberales, a las humanidades, que es lo que hace que nuestros corazones canten”.

La innovación no es solamente un asunto técnico, sino uno de comprender cómo la gente y las sociedades funcionan, lo que necesitan y quieren. No se trata solamente de construir computadores más baratos, sino de reimaginar constantemente cómo los computadores y otras nuevas tecnologías interactúan con los seres humanos.

La economía cambia de manera tal que la naturaleza del trabajo que se requiere para el éxito cambia de generación en generación. No es conveniente encerrarse en una profesión o ser competente en algo de por vida. Quizás estaba bien en otras épocas, pero no ahora.

En países más desarrollados, como los EE UU, los resultados en los test internacionales no son muy buenos, sin embargo lideran en ciencia, tecnología, investigación e innovación. Sus economías son flexibles, el trabajo está basado en el mérito, funcionan con energía y dinamismo, están abiertos a las ideas, bienes y servicios del mundo. Adicionalmente, tienen confianza en sí mismos. Aun cuando se ubican en lugares cercanos al 30 (Ocde) están al tope en cuanto a creer en sus habilidades matemáticas. Parecieran ser mucho mejores en enseñar la confianza en sí mismos que en enseñar las matemáticas. Suena raro, pero de veras hay algo poderoso en esta valiente confianza en sí mismos. Les permite desafiar a sus mayores, crear compañías, persistir cuando otros piensan que están equivocados y levantarse cuando fallan. Por cierto que mucha confianza es peligroso, pero esta tendencia es esencial para el emprendimiento.

Las habilidades técnicas son uno de los componentes que se necesitan para la innovación y el éxito económico, pero el poseer una fuerza de trabajo de menor entrenamiento técnico se sobrepone con otras ventajas como creatividad, pensamiento crítico y un devenir optimista.

Si la educación está orientada al éxito en los test y memorización, puede ser ventajoso, pero no conduce al pensamiento, la solución de problemas o la creatividad. A esto debe agregarse las características de una educación liberal: muchos pintores aprenden divirtiéndose, muchos trabajos (arte y literatura) son el producto de la entretención. Así, los emprendedores también necesitan divertirse.

Sin importar cuán bueno se es en las habilidades matemáticas y científicas, se necesita saber cómo aprender, pensar y escribir. Para escribir un ensayo de varias páginas se debe tener un pensamiento claro.

Algunas compañías prefieren que la experiencia de los que contratan sea fuerte en lo básico a que tengan habilidades muy específicas. Muchas veces los contratan por ser ingeniosos y apasionados, aunque no tengan exactamente las habilidades que la compañía necesita.

El valor agregado está en la marca, cómo se imagina, presenta, vende y sostiene. Todo esto requiere de habilidades que van más allá del ofrecimiento del angosto currículo basado en la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

El gran desafío es la integración del conocimiento que hemos adquirido hasta ahora: ciencias naturales y exactas, ciencias sociales y de la comunicación, humanidades y artes. Si logramos realizar un cambio en nuestra educación toda, en este sentido, tendremos los científicos y profesionales creativos que necesitamos para nuestro desarrollo y bienestar de nuestra gente.

Esta columna fue publicada originalmente en El Quinto Poder

  1. Convocatoria 2017-2018 Revista Resonancias

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  2. VI Jornadas Internacionales de Historia de las Mentalidades y la Cultura

    noviembre 7 @ 8:00 am - noviembre 9 @ 5:00 pm