Tercera sesión del seminario “Estado de Excepción-Excepción del Estado” tendrá como invitado al pensador italiano Maurizio Lazzarato

La tercera sesión del seminario internacional “Estado de Excepción-Excepción del Estado. Conversaciones en torno al estallido social y la pandemia”, que organiza el Centro de Estudios de Ética Aplicada (CEDEA) de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, con colaboración de Humaniora, se realizará el próximo 19 de octubre y contará con la participación del destacado sociólogo y filósofo Maurizio Lazzarato.

El conversatorio que tendrá como título “¿Cómo retomar un pensamiento de la revolución?: capitalismo, vidas y lucha en plural”, se realizará de manera online y contará con la participación como panelistas de Rodrigo Karmy (Profesor e investigador del Centro de Estudios Árabes y del Departamento de Filosofía de la U. de Chile), Lieta Vivaldi (Doctora en Sociología e investigadora CEDEA), Luis Guzmán (Artista e investigador CEDEA), Iván Torres Apablaza (Doctor (c) en Filosofía de la U. de Chile y académico e investigador de la U. Andrés Bello) y Claudia Calquín Donoso (Académica e investigadora de la Facultad de Humanidades USACH).

Para conocer más detalles de esta nueva sesión del seminario y sobre la trayectoria de Maurizio Lazzarato, conversamos con uno de los panelistas, el profesor Iván Torres Apablaza, quien además es director de Disenso, revista de pensamiento político que publicó uno de los últimos artículos del pensador italiano titulado el “¡El virus es el capitalismo!” y quien conoce en profundidad el trabajo que realiza el expositor invitado.

En este sentido, el profesor Torres señala que Lazzarato es vinculado a lo que se suele concebir como la corriente postoperaista, donde destaca una lectura crítica del trabajo de Marx, a través de la cual se intenta poner de relieve el carácter productor, no tan sólo de valor y relaciones de explotación fundadas en la contradicción capital-trabajo, sino de relaciones sociales y subjetividades que concierne al capitalismo. “Las influencias intelectuales en Lazzarato, ciertamente son más amplias, alcanzado a filósofos como Gilles Deleuze, Felix Guattari, Michel Foucault y Gabriel Tarde. Esto no quiere decir que Lazzarato sea un pensador de referencias o comentarios, sino que, más bien, en la distancia que lo separa de sus lecturas, se hacen distinguibles contribuciones específicas al pensamiento crítico contemporáneo. Por ejemplo, la problematización desarrollada en torno al trabajo inmaterial y su papel en los procesos ampliados de valorización; su concepto de noo-política con el que ha intentado dar cuenta de una tecnología de gobierno propia de las sociedades de control, cuyo papel es lo que, en términos generales, podría ser denominado como “el gobierno del alma” (opiniones, información, memoria). Más recientemente, encontramos trabajos enfocados en pensar el lugar de la deuda al interior de los procesos de acumulación capitalista y la recuperación del pensamiento estratégico como ingrediente fundamental de una crítica al capitalismo y su régimen de guerra”, indica el académico.

Respecto a lo que plantea Lazzarato en su artículo sobre la relación entre el virus y el capitalismo, ¿es la forma en que se manejó y está manejando la pandemia en Chile un ejemplo de cómo se prefiere salvar la economía antes que a la población?

Lo primero que podría decir es que la pandemia deviene crisis a propósito de la incapacidad de los sistemas sanitarios de hacer frente a la alta demanda de atención. Pero este, claramente, no es un problema de los sistemas sanitarios, sino del modo en que las políticas económicas neoliberales han desmantelado la salud pública, con pocas excepciones, a lo largo del mundo. Lo que ha primado en la organización de los sistemas sanitarios es un principio de gestión económica sobre la infraestructura, el personal médico, los insumos y los enfermos. Esto se ha traducido en un fortalecimiento del negocio de salud privada frente a los sistemas públicos de salud, los que siempre han estado, más o menos, en crisis, incluso antes de la pandemia, al tener que operar con bajos presupuestos estatales y con políticas de corto plazo, incapaces de hacer frente a las necesidades de salud de la población (sobre todo, de aquella que más enferma que es la población empobrecida). Todas estas, dicho en términos muy generales, son expresiones específicas de los criterios neoliberales de gestión de empresas aplicados a la administración gubernamental de la salud.

Un segundo aspecto que Lazzarato ha puesto de relieve al pensar la pandemia, es la tentación de recurrir a la clave biopolítica para interpretar las tecnologías de control dispuesta por la crisis sanitaria. Digo tentación, por cuanto no hay duda de la relación o anudamiento entre política y vida que la pandemia ha reafirmado como ingrediente insoslayable de la política contemporánea. Sin embargo, en la formulación de Michel Foucault, la biopolítica se encuentra orientada a la protección de la vida de la población, ya sea de forma directa –por ejemplo, a través de un sistema de salud– o bien, a través de mediaciones que implican intervenciones en el medio ambiente vital. Lo que la pandemia ha mostrado, en cambio, es una lógica de “hundidos” y “salvados”. Basta poner atención a los últimos datos sobre la pandemia en Chile: la mayor cantidad de muertes se está produciendo en el sistema público de salud, donde las personas se atienden gratis o con presupuestos reducidos. Incluso, existen datos que dan cuenta de personas que ni siquiera alcanzaron a llegar a las unidades sanitarias. Esto quiere decir que la mayor cantidad de la población se encuentra en una situación de abandono, echada a su propia suerte. El emprendimiento individual no es otra cosa que esto. El éxito depende de cada quien, es una cuestión estrictamente individual, lo mismo respecto a la protección y mantención de la vida. En este punto, me parece interesante constatar la respuesta gubernamental: lo que vemos es la articulación de un campo discursivo que tributa en la individualización del problema sanitario. De un lado, un discurso jurídico-penal que culpabiliza al contagiado y, de otro, un discurso económico que establece la sanción, a través de una multa en dinero cuando no cumples las medidas sanitarias. Lo relevante, me parece, es que este campo discursivo es capaz de producir un “sentido común individualizante”, frente al cual, cualquier respuesta gubernamental de protección a la población, queda completamente anulada.

En este momento, tienes más probabilidades de sobrevivir al virus si dispones de dinero para pagar por salud privada, que garantice atención oportuna, personal calificado y acceso a insumos médicos que permitan un adecuado tratamiento. Si lo pensamos, veremos que ocurre algo muy similar en educación: si dispones de los medios económicos para estudiar en un colegio privado, tienes mayores probabilidades de éxito social, no tan sólo por la calidad de los conocimientos adquiridos sino, fundamentalmente, por el capital social y cultural que conseguirás comprar. La consecuencia, es que finalmente una sociedad organizada con arreglo al principio de la competencia y el valor económico, ha producido y está produciendo, procesos masivos de precarización y fragilización de la existencia, que no tan sólo tienen expresiones en formas de vida precarias, sino directamente en verse expuestas y arrojados a la muerte.

Es cierto que Michel Foucault consideró que el imperativo de protección biopolítica de la población, coincide con el reverso de exponer a otros a una muerte general. Es lo que él constató en relación a la máquina de muerte nazi, durante la segunda guerra mundial. Es decir, se expone a unos para salvar a otros. Sin embargo, en nuestra experiencia, lo que se ha privilegiado en la gestión de la pandemia no es precisamente la protección de la vida de la población, incluso, aunque se trate de un muy reducido sector. Las estrategias llamadas sanitarias, se parecen mucho más a estrategias económicas. El “vitalismo capitalista” lo que protege es la jovialidad del mercado y si con ello debe exponer a la población, no tiene ningún problema ético en hacerlo. De hecho, no tiene principio ético alguno que oriente sus operaciones. Si consideramos lo ocurrido en Chile, encontramos fenómenos bastante inquietantes. Por ejemplo, la llamada “ley de protección al empleo”, no es otra cosa que una disposición para que los empleadores puedan despedir a sus trabajadores sin ninguna sanción legal, es decir, pasando por sobre los derechos laborales. Aquí, la protección no se dirige al trabajador que, luego del despido, queda desempleado y arrojado a su “capacidad emprendedora”, sino a las empresas y la amortiguación de sus pérdidas. Las “cuarentenas dinámicas” se han implementado para no bloquear completamente la circulación de mercancías. Algo similar ocurre con el “retorno a clases”, donde los establecimientos públicos no tienen capacidad de procesar las medidas de distancia física requeridas, mientras los sostenedores de colegios privados presionan al gobierno al ver reducidas sus cuotas de ganancia. Entonces, abrir la ciudad sin protección ni seguro, arrojados a probar suerte, es precisamente el signo de una racionalidad doctrinal que no puede aceptar la crisis de sus propios postulados. En Chile, la crisis del capitalismo neoliberal se ha enfrentado con más neoliberalismo.

En esta misma línea, según tu parecer, ¿se justifica mantener el estado de excepción en nuestro país debido a la situación sanitaria o este recurso se está usando como excusa para poder controlar a la ciudadanía frente al inminente regreso del estallido social y el proceso constituyente?

En sintonía o como problema correlativo a lo que señalaba, encontramos el estado de excepción. Antes de la pandemia, en Chile vivimos un proceso de revuelta, que se expresó como una crítica colectiva a una situación de injusticia, precariedad y abandono sostenida durante décadas por estas mismas políticas fundadas en la doctrina neoliberal. Si hay algo que Lazzarato y su lectura de Marx, ha puesto de relieve y es de utilidad para nuestro contexto, es que el capitalismo, al tiempo que intensifica sus procesos de acumulación, masifica la precarización de la población. El dogma neoliberal según el cual, es la competencia el operador fundamental del progreso, en Chile ha revelado ser una falacia. Al mismo tiempo, no hay que olvidar que esta doctrina sólo logró ser implementada en el país de manera forzada, esto es, gracias a un régimen autoritario que hizo de la muerte y el miedo, un ingrediente fundamental de disciplinamiento de la sociedad. El papel de la violencia sobre los cuerpos, en este punto es crucial. Y el Estado participó activamente de este proyecto.

Frente a la voluntad crítica que supone la revuelta de “Octubre”, la respuesta gubernamental ha consistido en activar medidas represivas contra la población. En el ámbito de la macro-política, no ha cambiado sustantivamente nada desde octubre a la fecha. Precisamente porque el foco de respuesta ha sido la contención y anulación del conflicto. La criminalización de la protesta, las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, tributan a este objetivo. Uno podría pensar que aquello que la teoría política denomina “fuerza legítima”, en Chile no ha tenido por propósito el resguardo securitario de la población y sus instituciones, sino directamente el castigo a los cuerpos insumisos multiplicados a lo largo del país.

El que estas tecnologías políticas se hayan extendido a lo largo de la pandemia, nos muestra el siguiente problema: no se trata de un “gobierno de la pandemia” sino “a través de la pandemia”. Y el objeto de gobierno es precisamente una población en estado de revuelta. Incluso, en un nivel más profundo, el estado de excepción emerge como la tecnología política fundamental, puesto que se ha renunciado a gobernar o gestionar el conflicto y, en su lugar, se lo reprime activamente a través de la violencia o la disposición de su amenaza probable. Por ejemplo, el que en Chile permanezcamos durante meses en “toque de queda”, con militares en las calles provistos de fusiles de asalto, no nos habla de medidas sanitarias para combatir la propagación de un virus. Es evidente. Más bien, la pandemia es un acontecimiento que se ha recodificado políticamente para intervenir, a propósito de ella, un problema que excede la dimensión sanitaria.

Lo interesante es que la apertura es inevitable. Como todos los esfuerzos apuntan a reestablecer un orden fundado en el mercado, no es posible sostener una sociedad en torno a la coacción y el encierro: cada vez que se produce el mínimo resquicio, la revuelta se reactiva y los cuerpos insumisos vuelven a recuperar el espacio público. La voluntad crítica es inagotable, sobre todo cuando lo que está en juego es la vida misma en toda su complejidad. En un plano micro-político, la revuelta ha dispuesto un escenario en que es posible pensar y plantear problematizaciones colectivas respecto a la vida y sus condiciones. Al mismo tiempo, ha permitido recuperar significantes, palabras pretendidas olvidadas o incluso, superadas por las políticas neoliberales. Progresivamente, la voluntad crítica vuelva a interrogar el capitalismo, y darse por tarea el problema de interrumpir sus lógicas de muerte y abandono. Se trata de una voluntad incipiente, cuyo principal desafío es la articulación de la multiplicidad que la recorre. Este es, tal vez, un ingreso posible al problema mayor de las transformaciones.

El estreno del encuentro se realizará el lunes 19 de octubre desde las 17:00 horas (Chile) y será transmitido por Facebook Live desde las cuentas de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, del Centro de Estudios de Ética Aplicada (CEDEA) y de la Red Humaniora.

 

 

 

 

 

 

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